viernes, 16 de enero de 2026

54

 


La despierta el llanto de Ema. Llanto que se apacigua en cuanto ella se aproxima a la cuna. Llanto que troca en sonrisas cuando ella la alza. Sonrisas y gorjeos. Ya no le urge comer. Lo que precisa es contacto, compañía, evalúa, como yo. Camino a la cocina comprueba que Pedro tampoco durmió en el sillón. Menos mal, piensa. Se prepara el desayuno. Recién después amamanta a la nena. Su cabeza girando a infinita velocidad. Quedó con Martín en que pasará a buscarla alrededor de las tres. Repasa mentalmente todo lo que deberá llevar. Es la primera vez que se traslada con su hijita por más de unas horas. Tantas cosas precisa. Cochecito, asiento para el auto, ropa, cosméticos, pañales, medicamentos por las dudas, ¿termómetro? Para ella solo llevará lo imprescindible: piyama, remeras, un jean, bermudas, ropa interior, un abrigo. Le dijo Benja que Fabián le consiguió una cuna ya en desuso de su sobrino. Tendrá que llevar sabanitas también. Y una mantilla, claro. Y algunos juguetes. Pone a la nena en su hamaquita y se dispone a armar la valija. La está bajando del estante superior del placard cuando suena el teléfono. El corazón se le aloca. ¿Será Pedro? Atiende con los ojos cerrados. ¿Cómo estás? le pregunta su madre. Armando el equipaje responde ella y le transmite sus planes. ¿Estás segura? Sí, mamá, preciso aire. ¿Pedro? No vino a dormir, ¿vos supiste algo de él? No, ni llamó para desearnos feliz año. Tiene cola de paja comenta ella. Espero que tu hermano te ayude a recuperar la cordura dice su madre. Espero que me ayude a recuperar mi autoestima; ya te expliqué, mamá, no estoy dispuesta a que Pedro me siga humillando. Silencio. Llamame en cuanto llegues pide su madre y avísame si precisás algo, lo que sea, a la hora que sea. Gracias, mamá. Las voy a extrañar, vuelvan pronto. A ella le dan ganas de llorar, por eso se apresura a cortar. Está cerrando el bolso cuando la puerta de calle se abre. Qué mala suerte, piensa. Pedro se aproxima. Veo que va en serio lo del viaje dice. replica ella esto no es una broma. ¿Cómo viajás? Me pasa a buscar un amigo de Fabián, vamos en auto. Viaje largo para la nena comenta él. Ella quisiera decirle que mejor se hubiera preocupado antes por el bienestar de su hijita, pero calla. ¿Debiera preguntarle dónde pasó la noche? No quiero desperdiciar fuerzas, evalúa. Se siente agotada aun antes de arrancar. Él se acerca y la toma de ambos brazos. Paz, todavía estás a tiempo, quedate. Ella se desprende del contacto. Preciso irme informa ya charlaremos a mi regreso. Puedo ir a buscarlas cuando me digas ofrece él. Si querés andá a despedirte de la nena propone ella en un rato nos pasarán a buscar. Pedro regresa con la nena alzada. A ella se le parte el corazón. Es su papá, piensa, y yo lo quiero tanto a mi papá. El portero eléctrico suena. Ella recupera a Ema y la sienta en el cochecito. Empieza a juntar los bártulos. Yo te ayudo ofrece él levantando la valija. Bajan en el ascensor en silencio. En la puerta está Martín. Por suerte pude estacionar justo acá dice luego de las presentaciones. Pedro instala el asientito en el auto y Martín carga el equipaje en el baúl. Ella sienta a la nena en su butaca. Nos vamos informa. Pedro la besa cerca de los labios. Paz, todavía estás a tiempo repite. Ella menea la cabeza y se ubica junto a la nena. Te aviso al llegar dice y cierra la puerta. Martín enciende el motor. Pedro levanta la mano y la agita. Ella remeda el gesto. El auto arranca.

 

El paisaje se desliza por la ventanilla como imágenes de un caleidoscopio. Ema duerme. Suena Chopin en la radio del auto. Su padre siempre escuchaba ese concierto. El sol se va poniendo. Está terminando el primer día del año, piensa. Desde el abdomen le sube en espiral una columna de aire tibio. Está por empezar el primer día de mi nueva vida, decide.

 

FIN

miércoles, 14 de enero de 2026

53

 


Seis de la tarde. Luego de la discusión, Pedro salió dando un portazo y no volvió a tener noticias suyas. Abre la heladera: todavía hay pavita y ensalada Belén. Se pondrá la mesa linda, ya pensó. Y se arreglará. Soy merecedora, piensa. En esas está cuando suena el timbre. Se le detiene la respiración. Porque ya sabe quién es. Abre la puerta. ¿Cómo te sentís? pregunta la madre. Bien responde ella. La mujer la mira extrañada. Me dijo Pedro que estabas con temperatura. Pues te mintió. Su madre deja la cartera sobre el sillón y se sienta. Decime vos la verdad entonces. Ella también se sienta. No estaba en sus planes enfrentar a su madre en ese último día del año. Pedro me está engañando informa. Paz querida, eso lo arreglaran entre ustedes, pero es importante empezar el nuevo año junto a tu familia. Ella cierra un instante los ojos buscando fuerzas. Cuando, al principio del embarazo, te hablé del mail que había encontrado, me pediste que no me hiciera problema, que era pasajero y luego me contaste que Pedro te había prometido que nunca más; lamento comunicarte que no cumplió su promesa; a vos también te engañó. Su madre menea la cabeza. Es cierto admite. No me interesa un matrimonio que se rija por los usos y costumbres del siglo pasado, mamá; no creo que las mujeres hayamos nacido para tolerar los desplantes de nuestros maridos; yo, al menos, no voy a seguir tolerándolo. La madre endereza la espalda. El rostro se le tensa. ¿Entonces? En principio me iré unos días a Rosario a la casa de Benjamín, ya hablé con él; allí, con tranquilidad, decidiré los siguientes pasos. Una familia no se tira por el aire ante la primera dificultad, Paz querida; pensá en tu hijita. Ella se queda unos minutos en silencio. Pienso en ella dice no quiero que se críe con una madre infeliz. Su madre le oprime el brazo. Pedro es un buen muchacho, inteligente, trabajador, tan pegado a nuestra familia. Yo soy tu hija, mamá; espero que si llega el momento te pongas de mi lado no del de él; precisaré apoyo. Y, aunque intenta evitarlas, las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas. Su madre la abraza.

 

La baña a Ema y, en lugar de piyama, le pone un vestidito. Ella se estrena la bombacha rosa que le regaló Laura para Navidad. Pone en la mesa del comedor un mantel rojo y la vajilla de porcelana. Cena con la nena dormida en el cochecito, a su lado. Los petardos de las doce la despiertan. Ella la alza y la lleva al balcón. Jolgorio en la calle. Debiera estar triste, piensa, mi pareja se está desbarrancando. Sin embargo, se siente bien. Bien consigo misma. El teléfono suena. Benjamín, por supuesto. Fabián te consiguió lugar en el auto de un amigo que sale para aquí mañana a media tarde, ¿estás de acuerdo? le informa su hermano. ¡Por supuesto!, ¡qué celeridad! exclama ella. Anotá el teléfono así combinás con él, Martín se llama. Doce y treinta suena nuevamente. Deja a la nena en el cochecito y atiende. Quería desearte un excelente inicio de año la sorprende la voz de Alejandro.  La sorprende y le acelera el pulso. Espero que el 2005 nos encuentre trabajando juntos, no veo el momento de arrancar con la escuela prosigue él. Mañana me voy a Rosario a la casa de mi hermano con la nena, a pasar unos días informa ella cuando regrese me comunico y combinamos para planificar.  Esperaré tu llamado dice él. Llegará añade ella. Te dejo con los tuyos agrega él. Ella quisiera contarle que está sola pero solo dice nos estamos viendo y corta. Alza a Ema y regresa al balcón. Un nuevo año la espera.

lunes, 12 de enero de 2026

52


 

Antes de poner la llave, apoya la oreja en la puerta. No se escucha nada. Abre. Lleva a la nena a su cuarto y la acuesta en la cuna con delicadeza. Por suerte no se despierta. Recién entonces va a su dormitorio. Pedro duerme. Claro, tuvo una noche agotadora, evalúa ella. Regresa al living,  extrae del bolsillo la tarjeta en cuestión y la guarda en su cartera. Precisará pruebas.

 

Está comiendo una ensalada cuando Pedro aparece en la cocina. ¿Se puede saber dónde estabas? pregunta casi en un grito. ¿Dónde estabas vos anoche? inquiere ella, abandonando el tenedor sobre el plato. El rostro de él sufre una leve modificación que, sin embargo, a ella no se le escapa. Ya te dije, una cena de trabajo. ¿En el Crámer Plaza Hotel? Ahora sí no hay dudas de que él recibió el impacto. ¡Qué tonterias decís! exclama, agresivo. ¿En la Suite Platino? ¿Así que ahora te dedicás a revisar mis cosas? Ella intenta conservar la calma. Inspira hondo. Sí, me dedico a revisarte además de robarte; fui a sacar dinero para llevarle a Teresa, me cansé anoche de llamarte, y la tarjeta vino a mí; te pido que no te rebajes a negarlo, las evidencias te inculpan. Él, que sigue de pie frente a ella,  se pasa la mano por el rostro. Paz, no hagas un drama de esto, fue solo una noche, estoy demasiado tensionado con el trabajo; los hombres a veces precisamos evadirnos; vos sos mi vida; Ema y vos son mi vida; te prometo que no volverá a suceder. A ella le sube una ira sorda desde el abdomen. Sería una lástima, desaprovecharías el descuento dice, desconociéndose. Paz, no seas vulgar, por favor. Ella esboza una sonrisa despectiva. Sentate indica. Él obedece. No insultes mi inteligencia, Pedro; vos me engañás desde principio del embarazo, quizá desde siempre, pero de antes no tengo pruebas; hace meses que sos un fantasma en casa, casi no ves a tu hija. Él ladea la cabeza. ¿Cómo creés que se costea el tren de vida que tenemos?, alguien tiene que trabajar. Ella vuelve a sonreír. Sí, por eso es que comenzaré a trabajar el año próximo. Con lo que vos puedas ganar… acota él, despectivo. Estoy harta de que me menosprecies continuamente. Él le toma ambas manos. No discutamos, mi amor, esto lo superaremos juntos. ¡No me digas mi amor! exclama ella soltándose si fuera tu amor no estarías enredado con otra mujer. Él sacude la cabeza. Vos no entendés nada replica una cosa es el amor y otra la cama; y ya estoy cansado de que siempre me rechaces. ¡Estoy puérpera, Pedro! Sí, y antes estabas embarazada. ¡Por qué vos quisiste que tuviéramos un hijo enseguida! Basta, Paz; ya está, terminemos con esta escena que no está a tu altura; servime un café que tengo que ir a comprar lo que me encargó tu madre para esta noche. Ella no puede creer lo que escucha. Está furiosa. Yo no voy a ir a lo de Juan Mateo informa. No digas tonterías; es el primer fin de año de nuestra hija, cómo no celebrarlo con la familia. Andá vos si querés y si querés llevala; alguna vez en la vida podrías hacerte cargo de ella; ya ni un pañal le cambiás, no sabés ni lo que come; yo no voy a ir a representar la pantomima de la pareja feliz. Él se pasa las manos por el rostro. De acuerdo, esperaremos el año los tres acá tranquilos, casi mejor para la nena; les diremos que no te sentís bien. Parece que no me entendés, Pedro, yo no tengo nada que festejar con vos; andá a cenar con ellos o con la señorita de Crámer; no estoy de humor para reunirme con nadie. De repente otra decisión la atraviesa. Me voy a ir pasar unos días a Rosario con la nena. ¡Si es que yo te autorizo! Ella se encoge de hombros y se incorpora. Te aviso cuando consiga los pasajes. Mientras sale de la cocina confirma dos cosas: que es una mujer valiente y que no lo quiere.

 

54

  La despierta el llanto de Ema. Llanto que se apacigua en cuanto ella se aproxima a la cuna. Llanto que troca en sonrisas cuando ella la ...