viernes, 31 de octubre de 2025

21

 


Ema dio pésima noche. Es que yo estoy mal, piensa Paz mientras la amamanta, pero ahora no estoy mal con la nena, estoy mal conmigo y ella se da cuenta. Todavía no decidió si irá a lo de su hermano. Mi único hermano es Benja, decide, los Juanes solo son los hijos de mamá y papá. No tengo ganas de ir, piensa, ¿debiera tener ganas de ir?, ¿debiera ir?, ¿debo ir? Debe pero no quiere, Debe. Toda una vida comprometida con el deber. Comer con la boca cerrada. No decir malas palabras. Agarrar bien los cubiertos. No pasar el pan por el plato. No inclinarlo cuando toma la sopa. Decir gracias y por favor. Perdón, sobre todo. Comer lo que le sirvan, aunque no le guste. Hacer las tareas en tiempo y forma. Sacar buenas notas, de ocho para arriba en todas las materias, sin excepción. No contar nada de lo que sucede puertas adentro. Ir a misa. Confesar y comulgar. Restringir sus amistades. Acatar todas las indicaciones de los mayores. ¿Debe considerar mayores, ahora, a su marido y a su madre? Tiene que decidir si irá a lo de Juan Cruz. Nordelta para colmo. Y decidir, es para ella el más difícil de los verbos. Ama a su hijita, pero no está muy segura de haber decidido tenerla. Pedro consideró que ya era hora de encargar un hijo y ella no encontró argumentos para oponerse. Ni motivos económicos, ni una carrera por delante. Era el paso que seguía a todos los que había ido dando. Se sentía vacía, además. Sin ningún proyecto personal. Sin amigas. Benjamín lejos. ¿Tuve a mi hija porque estaba aburrida?, se plantea. ¿Deseó casarse con Pedro? ¿Lo deseó a Pedro? ¿Lo eligió a Pedro? ¿Ella lo eligió?

 

Para mi cumple me regalaron un diario. Hoy voy a empezar a usarlo. Querido diario, escribo, todavía no sé si le voy a poner un nombre. Los diarios no son personas, pero uno puede hablarles como si fueran personas. Más todavía porque a las personas no se le pueden contar todas las cosas. Yo no le cuento nada a nadie, en realidad, solo un poco a Benja. Querido diario, pongo, el sábado cumplí trece años, y paro. Le tendría que contar que me gusta Nicolás. Pero no sé si me animo. Después me acuerdo que el diario tiene una llavecita entonces escribo: en el recreo largo Marcelo, que es el mejor amigo de Nico, me preguntó si me gustaba. Yo le contesté que él no tenía que preguntarme nada entonces Marcelo se sonrió raro y dijo: si no dijiste que no es que sí y se fue. Yo me quedo con el corazón a los golpes y toda colorada. Por suerte sonó el timbre.

 

Querido diario: Hoy mi mamá me preguntó si quería acompañarla a la casa de su amiga Susana. Yo le contesté que tenía mucha tarea que, además de que no tenía ganas, es cierto. Entonces cambió el tono y me dijo: vestite linda, salimos en diez minutos. A mí me da rabia que me pregunte cuando ella ya lo tenía decidido, pero igual me puse la pollera que me compró ayer, sin que yo me la probara siquiera, total ella me sabe el cuerpo de memoria. Fuimos en el auto y me dejó sentarme adelante. Mientras manejaba me contó que Susana tiene un hijo. Le pregunté por qué nunca lo habíamos visto y me dijo que porque es cadete, en la semana está en el Colegio Militar. Hoy tiene franco porque es su cumpleaños. Dieciocho cumple. Me acordé del hermano de Sofía, es cadete, lo vi en varias fiestas. Tiene el pelo muy cortito y cuando me vio me dio la mano. Qué ridículo. La cosa es que cuando llegamos nos sentamos los cuatro a tomar el té. Las que más charlaron fueron ellas, por supuesto. Cuando nos despedimos el chico me dio la mano y me preguntó si me podía llamar. Por supuesto, contestó mamá, pedile a tu madre el número. En el auto de vuelta mamá me preguntó si me había gustado. Le dije que casi no había hablado con él y que, además, es muy grande para mí. Me imagino que no te estará gustando un mocoso de trece, dijo, las mujeres maduran mucho antes que los varones; además no se te ocurra enamorarte de un compañero, eso altera los estudios y siempre termina mal. Me quedé pensando en si mi mamá tiene poderes. Si no cómo se dio cuenta de que me gusta Nico. ¿Se me notará en la cara? Porque vos tenés llavecita, diario, imposible que te haya leído. Es imposible, creo.

 

Querido diario: Hoy me llamó Luis María, que así se llama el cadete. Me invitó a la fiesta de fin de año. No supe qué decirle. Todavía no le conté a mamá. Sí a las chicas que se volvieron como locas. El sueño de todas. ¡La fiesta del Colegio Militar y con un cadete del último año! No sé qué voy a hacer. No me gustan los militares. No tengo ganas. Hoy estaba en el patio repasando la lección de historia con Leticia y se acercaron Nicolás y Marcelo. ¿Van al asalto de Mercedes?, preguntó Marcelo. Yo sí, contestó Leticia.  Yo también, dije, aunque todavía no me animé a pedirle permiso a mamá. A ella no le gusta Leticia. En realidad, no le gusta ninguna de mis compañeras. Ni hablar de los varones.

 

Querido diario: Me contó mamá que Susana le comentó que su hijo me había invitado a la fiesta. ¡Qué honor!, dijo, ya pedí turno con la modista, tendrás que hacerte un vestido largo. No pude decirle que no. Dicen que son fiestas espectaculares. Yo prefiero los asaltos.

 

Diario mío: hoy Nicolás me mandó una cartita preguntándome si quiero ser su novia. Me gusta mucho, pero a lo mejor mamá tiene razón y es muy chico. ¿Vos qué me aconsejás? Le escribí que lo tenía que pensar y que le contestaba en el asalto. Tan lindos ojos tiene y ese pelo… Mamá no sabe que me gusta, pero el otro día comentó que es un melenudo, que si fuera su hijo le pasaba la cero. Es cierto, todos los Juanes usan el pelo bien corto. Benja, no.

 

Querido diario: Estoy desolada. Mamá no me deja ir al asalto, dice que no le gusta el “elemento”. A veces pienso que te lee. Pero eso es imposible, yo siempre me llevo la llavecita. No sé qué le voy a inventar a Mercedes. Y con Nico… eso menos sé.

 

miércoles, 29 de octubre de 2025

20


Hoy fui a almorzar con Juan Cruz informa Pedro mientras ella lava los platos el jueves nos espera a cenar, quieren conocer a la nena. Ella piensa que Ema tiene casi un mes y que ninguno de los Juanes se dignó venir a visitarla. Ramos de flores sí que mandaron. Y bombones en cajas con moños. Como corresponde. Solo su cuñada Graciana apareció por el sanatorio cuando Ema aún estaba en la incubadora. ¿Los invitan a cenar con una beba recién nacida? Chau baño, chau rutina. Esa rutina que está empezando a dar resultado, Ema duerme un poco mejor. Mañana nos esperan dijo Pedro, pero ni siquiera preguntó ¿qué te parece?, ¿tenés ganas? Nosotros solos, me imagino comenta ella, ya se sabe que no son buenas para una beba las multitudes, como dice Pedro, se puede contagiar algo. No, van todos. ¿Todos quieren conocer a la nena? pregunta ella y se plantea que es absurdo que su marido sea el interlocutor de su propio hermano. También contesta él pero se festeja el cumpleaños de Luján, treinta. Claro, se dice ella, absurdo pensar que se reunieran para celebrar a mi hija, bastante con que me incluyan con lo molesto que suele ser un bebé. Al único que tiene ganas de ver es a su padre, pero desde que tuvo el ACV, por suerte casi sin secuelas, anda de capa caída. Pedro le cuenta que va poco al estudio, depende para todo de la madre y ella, que viene más días de los que tiene la semana, nunca lo trae. Papá fue el mejor conmigo, determina, salvo, Benja, claro; el mejor pero no supo defenderme, se sincera. Recién ahora puede darse cuenta de eso. Papá la dejo hacer a mamá, concluye, nunca tuvo carácter para oponerse. Como yo, decide.

 

Papá, ¿me podés llevar a lo de Leticia?, vamos a ir al cine a ver Titanic; la mamá me dijo que de regreso ella me alcanza a casa. ¿A qué hora? Tengo que estar a las tres a más tardar. De acuerdo. Gracias, papá, le digo y voy a mi cuarto. Me pongo el jean nuevo que me regaló mamá. Me queda un poco grande, pero mamá dice que la ropa ajustada es de gente ordinaria. Todas mis amigas llevan la ropa bien al cuerpo y yo soy delgada, me quedarían bien pero si a mamá no le gusta… Me pongo el jean y el sweater Bremer que me trajeron del viaje. Me estoy peinando cuando entra mamá. ¿Adónde vas?, pregunta con un tono que me asegura que ya conoce la respuesta. A lo de Leticia; papá me lleva. Imposible, dictamina ella, me tiene que alcanzar al Automóvil Club, hoy tengo torneo de Canasta. Yo salgo corriendo y lo busco a papá. está sentado en el sillón del living escuchando una ópera, Cuando me ve, baja el volumen. Papá, me prometiste que me llevabas a lo de Leticia, ya me comprometí. Él, sin mirarme, dice: sí, pero tu madre me pidió que la alcance a ella. Pero yo te pedí primero, protesto. Sí, pero ya sabés como es tu mamá. Pone la mano en el bolsillo, me tiende unos billetes y me dice: toma, para un taxi. Justo entra mamá. De ninguna manera va a viajar sola en taxi, qué cabeza tenés, Esteban. Pienso que en colectivo ya no llego. No lo puedo creer, Leticia se va a poner furiosa. Además, necesito que te quedes, Paz, en un rato me van a traer una documentación importante. Papá se queda callado. A mí me corren las lágrimas. ¡Tanto drama por tan poco!, dice mamá, vamos, Esteban, pone el auto en marcha que con tanta telenovela se me va a hacer tarde. Papá se levanta y sale. Desde la puerta me dice: chau, hija. Pagliacci sigue sonando. A mí también me encanta esta aria.

 

Se queda reflexionando. Papá no me supo defender de mamá, ¿seré yo capaz de defender a Ema de Pedro y de mi madre? Siente que se marea. Descubre que su fortaleza tendrá que aflorar, ya no por ella, yo ya estoy perdida, evalúa, sino por su hijita. No dejaré que te aplasten, se promete, no seremos dos moscas en la tela, vos no.

 

lunes, 27 de octubre de 2025

19

 



Mira el reloj: las ocho. Se levanta como un resorte y corre al cuarto de la nena. Duerme. ¡Durmió toda la noche! Increíble. La observa. Las mejillas sonrosadas, ya redonditas. Yo la alimento murmura puedo. Va hasta el living. Pedro ya se fue. Ni me saludó, piensa, preocupada. Se dirige a la cocina. Tiene hambre, qué raro, no suele tener apetito. Abre la heladera y descubre las empanadas que sobraron de ayer. ¿Por qué no? A su madre le agarraría un ataque de solo imaginar un desayuno tan poco apropiado. Sonríe sola. Coloca una en el hornito eléctrico y se prepara un café. No lo aconsejan cuando se amamanta, pero hoy está dispuesta a darse todos los gustos. Me lo merezco, piensa. Está por la mitad de la taza cuando se despierta la beba. Va a buscarla. Se sienta junto a la mesa y le ofrece el pecho mientras ella come la empanada. Hoy desayunamos juntas, Emita dice. Suena el celular. Pedro. ¿Cómo está la nena? Lo más bien, durmió toda la noche cuenta, orgullosa. Calculo que regresaré seis y media, siete; esperame para bañarla; les mando un beso a las dos. No se enojó, piensa ella, lo rechacé y no se enojó. Está muy sorprendida. Gratamente sorprendida. La nena suelta el pezón. Ella le sonríe. Su hija, por primera vez, le devuelve la sonrisa. Ella siente que los huesos se le ablandan.

 

Está de buen humor, la sonrisa de su hija la devolvió a la vida. ¿Qué puedo hacer?, piensa, ,¿saco a pasear a la nena?, ¿la llevo al parque?, ¿y si me siento a tomar un café?, ¿y si se pone a llorar en la confitería?, mejor el parque, pero hay un poco de viento. Le cuesta tanto decidirse. Quizá porque sus decisiones fueron siempre invalidadas.

 

Hoy en la escuela me hicieron un test vocacional. Igual ya lo sé, yo quiero ser médica. Desde chiquita quiero ser médica. Biología es mi materia favorita. Me encanta ir al laboratorio y hacer experimentos, entender cómo respiramos, ver cómo es un corazón por dentro. Mi serie favorita es Doctor House. Todo esto le conté a la mujer que me hizo la prueba. Estoy ansiosa porque me den el resultado. Fabiana también quiere ser médica. Ella quiere estudiar en la Universidad del Salvador pero yo quiero ir a la UBA. Mariano también va a ir a la UBA, pero él a Ingeniería. Es una flecha en matemáticas. Fabiana quiere ser pediatra pero yo no, mucho no me interesan los chicos, a mí me gusta la cabeza, quiero ser neuróloga o psiquiatra tal vez, todavía no lo sé, a lo mejor el test me ayuda a elegir la especialidad, aunque todavía faltan años para eso. La mujer me preguntó muchísimas cosas y tuve que hacer dibujos. Un amor la mujer. Se ve que sabe hablar con los adolescentes. Nos entiende. Ella sí.

 

Golpeo la puerta del cuarto de mamá. Pasa, dice. Me dieron el resultado del test, le cuento. Ah, ¿sí?, yo no estaba de acuerdo con que lo hicieras, pero la escuela insistió, comenta, pero no me pregunta nada. Me dijeron que sí, que sirvo para Medicina, que yo tenía razón; parece que también hablaron con los profesores y que todos piensan que soy justo para esa carrera. Mirá vos, dice mamá levantando las cejas y enseguida me doy cuenta de que empezamos mal. Medicina, ¿será la carrera más adecuada para vos?, ¿será la carrera más adecuada para una mujer?; parece difícil que puedas compatibilizar ser esposa y ser madre, pero ser una buena madre, claro; tanto tiempo fuera de casa, llamadas a cualquier hora, traer bacterias al hogar; además, te pusiste a pensar vos que sos tan sensible, tener que ver morir a tus pacientes, qué cuando les tengas que  avisar a los familiares que no hay cura o, peor aún, que su familiar ha muerto como consecuencia de un error tuyo, por algo que no hiciste, que no contemplaste y aunque no se lo confieses vos lo sabés; después vos que, insisto, sos tan sensible tendrás que vivir con esa culpa; vuelvo a decirte, Paz querida, no es una carrera para una muchacha como vos; deberías contemplar otras profesiones, el magisterio por ejemplo; ser maestra sí que es compatible con una vida ordenada; y, aunque no trabajaras luego, porque probablemente tu marido podrá mantenerte, todo lo que aprendas podrá ayudarte para criar a tus propios hijos; es una carrera corta, además; medicina insume como diez años: mirá a tu primo Alfredo, se recibió casi de treinta y aún sigue estudiando. Hace una pausa me mira y dice: prometeme que lo vas a pensar, hija, me oprime el brazo y sale. Me quedo confundida. Muchas cosas que no pensé. No pensé tampoco si quiero tener hijos, casarme. Me dan ganas de llorar. ¡Está la cena!, avisa mamá. Voy al baño a lavarme la cara. A mamá no le gusta que la hagamos esperar. ¡Se enfría!, grita. Bajo la escalera corriendo.

 

Papá y los Juanes están sentados alrededor de la mesa, los viernes siempre  vienen a cenar. ¿Y Benja? pregunto. Otra vez no avisó, contesta mamá retirando un plato. Y luego me mira y me dice te hice tortilla de papas, con cebolla como a vos te gusta. Agarro el plato que me tiende. Gracias, mamá, digo y me vuelven las lágrimas a los ojos. Trato de controlarlas. Recorro con la mirada la mesa. Mis padres, mis hermanos. Esto es una familia, pienso. Las lágrimas se deslizan. Me seco con la servilleta. Por suerte nadie se dio cuenta.

 

54

  La despierta el llanto de Ema. Llanto que se apacigua en cuanto ella se aproxima a la cuna. Llanto que troca en sonrisas cuando ella la ...