miércoles, 31 de diciembre de 2025

47

 


El tiempo parece haberse salido de la órbita. De la suya, al menos. Los días se extinguen en pocas horas, las semanas vuelan. Ema ya cumplió cinco meses, intenta sentarse. Se acerca el fin de año. Todavía le parece increíble tener proyectos para el 2005. Cruza mails con Alejandro casi a diario y la semana pasada fue a conocer la escuela. El viernes tiene el último encuentro del jardín rodante. Qué notable, los chiquitos comenzarán el año próximo la “educación formal” y ella iniciará un trabajo también formal. Alejandro le adelantó que será un empleo en blanco. Graciana quedó muy interesada con la propuesta de Mundo Mínimo. Le encantaría para Bruno, aunque le queda bastante lejos. Está visitando otros jardines y evaluando. Ella trabó un lazo muy fuerte con ese nene. Ojalá que se incorpore a la escuelita, piensa. Aunque no estaría en su sala, claro. Pronto cumplirá tres años. Así como Benja es “mi” hermano, Bruno es “mi” sobrino, evalúa. La relación con Pedro está tensa. Seguramente él confía en que terminará convenciéndola y rechazará el trabajo. Ella no le habla al respecto, ni él le pregunta. Como si lo hubieran puesto en el freezer. En el freezer están. Han tenido sexo solo un puñado de veces. Él ha disminuido sus acercamientos y ella cada tanto accede. Porque el cuerpo le pide, además. Aunque no es el cuerpo de Pedro lo que le pide. Se siente activada. En todo sentido. Vuelta a la vida. Charlan lo estrictamente necesario, de la nena casi siempre. Aunque Pedro le hace morisquetas y da indicaciones, se ocupa poco y nada.  Ella no le contó que fue a conocer la escuela. Con Ema, fue. Quería que Alejandro la conociera. ¿Quería lucirla? ¿Cómo mamá me lucía a mí?, se plantea. Se lo plantea y se reta. A su madre no necesitó comunicarle sus planes porque Pedro, obvio, la puso sobre aviso. Frenó las diatribas y le dijo que lo estaba evaluando, que ya le comunicaría su decisión. Decisión que tomó pero que aún no anunció fehacientemente ni a madre ni a marido. Está esperando que pasen las fiestas. No sabe por qué, pero se fijó ese hito. Tengamos las fiestas en paz prescribe el dicho. Los únicos con los que comparte su proyecto son Benjamín, Laura y Graciana. Su trío de apoyo. La divina trinidad.

 

¿Sabés que va a hacer Benjamín para Navidad? la sorprende su madre. Ella se queda de una pieza. Ya no recuerda cuánto hace que no comparten una fiesta con su hermano. ¿Pensás invitarlo? No soy yo la anfitriona es su respuesta. Es cierto, la reunión será en lo de Juan Cruz. Una complicación trasladarse a Nordelta pero su casa es la más grande y este año lograron combinar para reunirse todos. Todos menos Benja, claro. Diez adultos y ocho niños, contándola a Ema. El parque es precioso y, si lloviera, tiene un quincho monumental. ¿Para qué preguntás, entonces? la provoca ella. Su madre hace un gesto despectivo con el hombro. Pasa Nochebuena en casa de los padres de Fabián informa ella. ¿Y el 25? La mirada de su madre se pierde en el ventanal. A ella le cae la ficha. Hablaste con Pedro afirma. La mirada sigue prendida en la copa de los árboles. ¿Qué lazo misterioso existe entre su madre y su marido? ¿El hilo rojo? El 25 Benja viene a cenar a casa y luego se corrige vienen. Vaya si le costó una discusión con Pedro. Su hermano le había contado que viajaba porque tenían el casamiento de una prima de Fabián el 26. A ella le salió del alma vengan el 25 a cenar. Su marido puso el grito en el cielo cuando se lo comentó. Es mi casa también, por si te olvidaste dijo de mala manera. A ella le surgieron las agallas. Si te molesta que vengan, iremos a cenar afuera nosotros tres, y Ema, por supuesto. La discusión quedó allí pero un par de días después Pedro dijo invitalo si querés, es tu hermano. Paz no termina de sorprenderse cuando comprueba que, cuando ella se pone firme, Pedro retrocede. Sin abandonar la observación del follaje su madre propone si te parece, tu padre y yo podríamos sumarnos y luego, ya mirándola, agrega así te doy una mano con la nena. Ella experimenta una emoción profunda. Se sabe responsable del acercamiento entre su madre y su hermano. Cuando de veras quiero, puedo, se dice.  ¿Ya pensaste que vas a preparar? pregunta su madre yo puedo encargar una pavita en La Esmeralda; me puedo encargar de todo si querés ofrece. A ella no podría importarle menos la comida. Aún no puedo creer que logré juntarlos, piensa.

lunes, 29 de diciembre de 2025

46

 


Se baja del taxi y cruza. Lo descubre junto al ventanal de la confitería. Tiene el pelo bastante largo. Campera de jean. Parece más joven, piensa, más descontracturado. Más joven que yo, evalúa y se avergüenza de sus tacos altos y su atuendo formal. Me hubiera puesto un jean, se lamenta. Él está leyendo, no la ve acercarse. Ya está junto a la mesa cuando él levanta la vista. Se incorpora sonriendo. Entraste como un hada dice no te escuche. Una vez que están frente a sendas tazas de café, Alejandro le señala la alianza y pregunta ¿ya te casaste? Ella percibe que se sonroja al contestar sí, y ya tengo una beba de cuatro meses. Él cabecea. Tu tiempo no es el de los otros dice. No te entiendo. Llevás al menos un lustro de adelanto con respecto a la media. Sigo sin entenderte. ¿Cuántos años tenés?, seguro menos de veinticinco. Veintitrés confirma ella. A esa edad la mayor parte de las chicas está pensando a dónde irá a bailar y vos ya estás cargada de responsabilidades. ¿Y eso está mal? pregunta ella con mal tono, porque está fastidiada. Él agita la cabeza sonriendo. Rencor del perdedor dice. ¿Cómo? Dejémoslo así y volvamos a lo nuestro; si estás aquí la mira sonriendo con intención es solo porque te interesa la propuesta laboral. Sí contesta ella, aliviada de que él abandone el tema personal creo que llegó la hora de que desarrolle mi profesión. ¿Nunca hiciste nada? A ella la alivia poder decirle armé un grupito rodante aunque miente porque en realidad Graciana es la responsable son cinco chiquitos de dos años, funciona muy bien, estoy contenta. Es importante que ya tengas resuelto el tema de tu beba, me afligió cuando lo mencionaste. Sí, se queda con una señora en casa y mi madre supervisa por el momento. Él le habla largamente sobre la escuela en formación, cuál será la orientación, cuáles sus proyectos, sus objetivos. Reacondicioné una casa antigua, quedó hermosa, tiene un patio grande cubierto y un pequeño jardín; cuando quieras y puedas te invito a conocerla; ¿dónde vivís? En Belgrano. Perfecto, queda en Colegiales, Conesa y Jorge Newbery; necesito maestras para sala de dos y de tres a la mañana y de dos a la tarde; vos dirás qué es lo que más te interesa. Prefiero los más chiquitos dice ella te pido que me des un tiempito para ver cómo me acomodo mejor, si mañana o tarde, tengo que conversarlo con mi empleada. Y con mi madre, piensa pero no lo dice. Obvio, estamos hablando del próximo marzo; aunque, por supuesto, tendrías que empezar a trabajar en febrero para organizar todo él hace una pausa todavía no hablamos de honorarios agrega. Ella se apura en decir eso es lo de menos. Él agita con energía la cabeza no, no es lo de menos, Paz, esto es un trabajo. Ella recuerda las palabras de Benjamín. ¡Le da tanta vergüenza! Creerá que soy una señora gorda buscando entretenerse, piensa. ¿Y no soy eso?, se plantea. Quiero decir que ese no será el problema porque doy por sentado que me ofrecerás el salario que corresponda. ¡Te salvaste como un gato! exclama él sonriendo. Ella hace un gesto de desconcierto. Sos demasiado seria, Paz le explica él pero no te preocupes, trabajando conmigo te contagiarás la irreverencia. Ella no tiene más remedio que reír. Así me gusta dice él para trabajar con niños se precisa frescura, alegría hace una pausa, la mira y agrega y en el fondo yo sigo siendo un niño. Estoy en peligro, piensa ella. Lo piensa, pero sonríe. Con ganas, sonríe.

 

Cuando regresa, comprueba, sorprendida, que Pedro está en su casa. ¿De dónde venís? le pregunta. Su madre le enseñó que no se miente, adjudicarse el mérito de haber cocinado es una excepción, por lo que deja sus cosas sobre la mesita y dice después te cuento, ahora voy a ver a la nena. Porque sí, le contará, qué remedio le queda. Se dirige hacia el dormitorio de Ema. Duerme. Puede prescindir de mí, piensa mezclándose la decepción con el alivio. Pedro la siguió. ¿Y? pregunta. Esperá que la despido a Teresa dice. Ya solos ella propone ¿preparo un café? ¿Tan grave es? inquiere él. Ella reflexiona. Grave, no; importante. Los dos ya sentados, más dilaciones imposibles, Paz informa de un tirón me reuní con un exprofesor que me propuso un trabajo. ¿Por qué no me comentaste que te ibas a encontrar con él? ¿Por qué no se lo contó? Se queda reflexionando. Suponía que te ibas a oponer y yo necesitaba acudir al encuentro con el mejor estado de ánimo posible se sincera. Él se queda callado. Luego de un largo e insostenible silencio ella le transmite la propuesta. ¿Qué resolviste? le pregunta Pedro y a ella le sorprende que él le esté adjudicando la capacidad de decidir. Voy a tomar el trabajo afirma. ¿Sin siquiera consultarme qué opino? Puedo suponerlo dice ella bajando la mirada. Y no te importa. Sí me importa; me encantaría que me apoyaras, que impulsaras mi proyecto. No puedo promover algo que considero negativo para mi hija. Nuestra hija aclara ella. Parece que vos no pensaras en su bienestar; soy yo el único que puedo defenderla. Ella siente una opresión entre las costillas. La flecha dio en el blanco. El llanto de la nena viene en su auxilio. Después la seguimos dice y se incorpora.

sábado, 27 de diciembre de 2025

45

 


En cuanto abre la puerta, Benjamín entra y la abraza. Fuerte la abraza. ¡Qué sorpresa! exclama ella ¿no te encontrabas hoy con mamá? Porque sí, ayer su hermano la notificó de la cita. Su madre, ni una palabra. De allí vengo informa su hermano servime un café, por favor. Ella mira el reloj: falta más de una hora para el habitual retorno de Pedro. Aunque últimamente suele demorarse. Va hacia la cocina. ¿Ema? pregunta Benjamín. Duerme, cuando la veas no la vas a reconocer; ya se ríe con ruido, agarra todo, gira en la cuna; el otro día casi se me cae de la cama, es super movediza. Mientras ella trajina con la cafetera él informa voy a verla. Ni se te ocurra despertarla, con ella en el medio es imposible charlar. Es cierto, ¡está enorme! comenta él al regresar y cada día más linda, sale a su tío. Obvio lo festeja ella a lindo nadie te gana. Vos casi me empatás jaranea él. Ya sentados ella reclama contame, contame todo, con lujo de detalles. Nos encontramos en el Havanna de la otra cuadra de casa, de su casa, bah, pero en ningún momento propuso que me acercara a saludar a papá; creo que no le había contado que nos íbamos a ver. A mí tampoco me comentó nada. Él se encoge de hombros. Así es nuestra madre dice. ¿Y? Comenzó preguntándome por mi trabajo, no tenía la menor idea; se la veía interesada; me preguntó varias veces si estaba satisfecho, no pudo menos que comprobar lo que la arquitectura representa para mí; estaba sorprendida con mis logros. ¿Y cómo siguió? Hablando sobre papá; está preocupada, lo ve muy venido a menos. A mí nunca me comenta nada dice ella, sorprendida. Él vuelve a encogerse de hombros. ¿Y después de papá? Después miró el reloj y dijo que se le hacía tarde. Ella experimenta una fuerte desilusión, pero comenta al menos se rompió el hielo. En el momento de despedirse me agarró las dos manos y me dijo que estaba contenta de que nos hubiéramos encontrado, que ya volveríamos a hacerlo Benjamín la mira ¿sabés, Paz, cuánto hacía que mamá no me tocaba? A ella se le hace un nudo en la garganta. Remedando, sin darse cuenta, el gesto de su madre, Paz oprime ambas muñecas de su hermano. Los ojos de Benja se llenan de lágrimas.

 

Está parada frente al placard abierto. Duda. ¿Casual o ejecutiva? Tiene tanta ropa y tan poca posibilidad de usarla. Ni bien se casaron eran frecuentes las reuniones “laborales”. Ella iba a la peluquería, se maquillaba, se ponía un trajecito o alguna otra vestimenta formal, se calzaba su sonrisa de esposa, tan aprendida de su madre, y allí iba. A aburrirse infinitamente mientras los hombres hablaban de clientes y las mujeres de empleadas domésticas. Las salidas fueron disminuyendo. Considera, recién ahora, que a lo mejor a Pedro ya no le parecía tan decorativa una esposa embarazada. Desde que nació la nena no fueron a ningún lado. Ni siquiera visitas familiares. Es cierto que ella se resistió a ir al cumpleaños de Luján, pero quizás hubieran podido ir a comer afuera algún día llevando a la nena. Me siento ahogada, determina. Agradece que Laura y Graciana se hayan convertido en sus interlocutoras. Aunque ahora a Laura la ve menos. Las dos están más ocupadas. Ojalá Benjamín se mudara a Buenos Aires. Su vida sería distinta. Quizá, sus consejos mediante, su vida hubiera sido diferente. Su cabeza siempre volando. Regresa al placard. Ya recuperó la línea, solo le quedaron un par de kilos que mal no le vienen. Se mira ante el espejo en ropa interior. Se mira y se gusta. Está más… no encuentra la palabra… más redonda, más turgente. Más mujer. Más hembra, se corrige, con vergüenza. Las caderas un poco más anchas, los pechos colmados. Seguramente a su madre le gustaba más antes. Más elegante. La gente distinguida es delgada. Su madre, pese a sus casi sesenta, conserva una figura envidiable. Otra vez se distrajo con pavadas y el tiempo corre. Se decide por un pantalón negro de pana y una blusa de seda color peltre. Se mira en el espejo y desabrocha dos botones. Asoman sus senos. Dudó si ir al encuentro sola o con Ema. ¿Su hija como escudo protector?  Pero es una entrevista laboral, no corresponde. Va al baño. Se maquilla y se perfuma. Dolce-Gabbana, Light Blue, su sello. Pasa por el cuarto de la nena. Duerme, por suerte. Le roza la cabecita. Le da a Teresa las últimas instrucciones y sale. Arregladita como para ir de boda como canta Serrat.

 

54

  La despierta el llanto de Ema. Llanto que se apacigua en cuanto ella se aproxima a la cuna. Llanto que troca en sonrisas cuando ella la ...