Despierta.
La nena quedó aplastada contra su abdomen. La asfixié, piensa y la aparta con
brusquedad. La beba extiende brazos y piernas y luego de contener la
respiración durante unos instantes rompe en llanto. Se está incorporando cuando
descubre a su madre entrando al dormitorio. ¿Qué hacés acá? pregunta
ella de mal modo. Me encontré con Pedro abajo y me abrió. Sin pedir
permiso la mujer le quita la beba de los brazos. Cuando logra reaccionar ella
grita ¡dámela! Su madre la mira, los ojos abiertos de par en par, y
obedece. Ella se acomoda y le ofrece el pecho. La nena lo rechaza y continúa
llorando. Ya le preparo una mamadera dictamina su madre. ¡No!
exclama ella y guía la carita de la beba hacia el pezón. Después de algunos
escarceos logra que se prenda y succione. Así no va a subir nunca de peso
comenta la mujer y, además, los pechos te van a quedar estropeados. Ella
recibe el impacto. Pregunta entonces ¿a mis hermanos tampoco los
amamantaste? La madre baja la vista mientras responde poco y nada. Pero
ellos no estuvieron en incubadora como yo. Se crían mejor con mamadera, ustedes
fueron cinco bebés preciosos dice y agrega me voy a preparar un café,
¿te traigo uno? Amamantando, mejor no. Su madre se encoge de hombros y
sale. Cuando regresa, bandeja en mano, la beba ya soltó el pezón, satisfecha.
Un hilo de leche se desliza entre sus labios. La madre deja la bandeja sobre la
mesa de luz y se apresura a limpiarla con una servilleta. Te traje un té
informa mientras alza a la criatura la cambio y la acuesto así podemos tomar
tranquilas. Ella cierra los ojos. No tiene fuerzas para seguir
confrontándola. Ojos que abre cuando escucha llorar a la nena. Traémela, por
favor pide. Son mañas dice la madre recién comió, hay que
acostumbrarlos bien desde la primera hora, si no después te toman el tiempo
y mientras empuja el moisés agrega la llevo a su cuarto así no la
escuchamos. Ella sí escucha la puerta al cerrarse y luego el llanto
amortiguado de su hija. ¿Vos nos dejabas llorar? le pregunta a su madre
mientras le pone azúcar al té. ¡Obvio!, además, así se desarrollan
los pulmones. Ella cierra los ojos. Se ahoga. Le falta el aire. Oscuridad. Miedo. Se
lleva la mano al pecho. ¿Te pasa algo? le pregunta su madre. Ella niega
con la cabeza. Intentá dormir sugiere la mujer retirándole la taza y
acomodando las cobijas yo me ocupo. Ella se desmorona sobre las
almohadas. Otra puerta se cierra. Ya casi no escucha el llamado de su hija. De
pronto siente un sudor frío. Soledad.
Terror.
No voy a poder, piensa y llora bajito hasta quedarse dormida.
Vamos, Paz
dice la madre moviéndole el brazo te traje el almuerzo. ¿Ya? pregunta
mientras controla el reloj. La una. Pasaron más de tres horas. ¿La nena? pregunta.
Hace un buen rato le di la mamadera, ya se durmió de nuevo. ¡Pero la tenía
que amamantar! Lo que tenías era que descansar, te dormiste como un tronco, ya
tenés otra cara. La madre le tiende una bandeja. Pollo, puré. Puré de
calabaza, su favorito. Pechuga como le gusta a ella. Tiene hambre descubre. Gracias,
mamá dice. Te preparé compota de ciruelas, yo siempre comía compota
después de los partos, consejo de Salcedo; ayuda. Mi mamá me cuida, piensa.
Recuerda el libro de lectura de primer grado mi mamá me mima. Recuerda
que cuando lo leyó pensó mi mamá no me mima. Su mamá no la mima pero la
cuida, siempre la cuidó. Gracias, mamá repite. Cuando un rato después la
madre se acerca para retirar la bandeja ella la mira. Es su madre, pero joven.
Cierra los ojos y agita la cabeza. Yo estoy mal, piensa, muy mal.
Estoy
en la cama porque tengo gripe. Recién vino el doctor y le dijo a mamá que ya
estoy bien, nada de fiebre. Mamá lo acompaña hasta abajo y cuando vuelve me
dice: ahora te traigo tu comida favorita. Yo me pongo contenta y me preparo
para las milanesas con papas fritas, hace mucho que no como. Capaz que hasta me
sube Cocacola. Mamá llega y me pone la bandeja con patitas. Tiene un mantelito
lindo y el plato está tapado con otro. Para que no se enfríe, me dice. Cuando
lo destapa veo pollo que no es pata con puré amarillo. ¿Y la milanesa?,
pregunto. No estás para fritos, además esta es tu comida favorita. ¿No había
pata? La pata es difícil de cortar y a vos siempre te gustó la pechuga.
Mientras habla me va cortando el pollo. Es cierto más fácil es la pechuga. A lo
mejor me confundí y ya no me gustan tanto las milanesas. Las papas fritas creo
que sí pero el puré es más cómodo, no se mastica. ¿Estás contenta?, pregunta
mamá. Sí, claro digo y después digo:
gracias, mamá, porque ella me enseñó que es lo que corresponde. Mamá me
acaricia el cabello y sale del cuarto. Me dejó un vaso con agua. Claro, no es
buena la Cocacola por eso lo reta a papá cuando me sirve. Mamá me cuida.
Siempre me cuida.
Mi mamá no me mima pero me cuida…
ResponderBorrarVaya frase!
Las madres suelen ser cuidadoras. Muchas menos son mimadoras
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