viernes, 24 de octubre de 2025

18

 


No logra dormirse. Estoy desperdiciando el sueño de Ema, piensa y oprime los párpados. Inútil. La pregunta de su hermano la ronda. ¿Lo quiero a Pedro?, ¿me gusta cómo piensa, cómo es? No, decididamente no le gusta. ¿Pedro cambió o ella no supo mirarlo? Quizá no quise. ¿Qué remedio tiene ahora? Soy una mosca en una telaraña, piensa. Depende para todo de él. No le pide dinero directamente porque para casi todo utiliza la tarjeta, pero Pedro controla cada uno de sus gastos. Lleva prolijas planillas de Excel donde anota los gastos por rubro. Más de una vez le preguntó ¿esto de qué es? Y a ella le da tanta vergüenza rendir cuenta de un libro, de un corpiño, ni hablar de un café tomado a solas en alguna confitería. Nunca pude ganar un peso, evalúa. Ahora encima con una beba. Atada de pies y manos.

 

¿Se puede?, pregunto. Mamá está recostada, leyendo una revista. Levanta la mirada. ¿Precisás algo?, pregunta. Quería contarte que conseguí trabajo. Ladea la cabeza, deja la revista sobre la cama y se saca los lentes. ¿Cómo es eso? Le informo la propuesta. Mirá vos, dice y me doy cuenta de que empezamos mal. ¿Con qué necesidad vas a comenzar a trabajar justo ahora?, a fin de año te recibís… Por eso mismo, mamá. Lo único que falta es que por dedicarte al trabajo no tengas tiempo para estudiar y te vaya mal en los exámenes; sería un pecado que bajaras tu excelente promedio; además tenés que graduarte a fin de año, sí o sí; después empezarás con los preparativos para el casamiento, no te imaginás el tiempo y la energía que consumen, ya lo viví tres veces con las bodas de tus hermanos; después del casamiento lo evaluarás con Pedro, bah, también deberías evaluarlo ahora, las cosas importantes se deciden en pareja; esa es mi opinión, pero vos ya sos una adulta y sabrás qué hacer. Se calza y se levanta. Le voy a decir a Rosaura que prepare la cena, tu padre debe de estar por llegar, informa y sale. Me quedo parada junto a la cama. Desconcertada. Aplastada en realidad.

 

Encuentro a Pedro a la salida del Instituto. ¡Qué sorpresa!, digo. Él toma los libros que llevo, me agarra del hombro y caminamos, yo del lado de la vereda, por supuesto. ¿Vamos a merendar?, propone. Ya sentados frente a los tostados y el jugo de naranja, me cuesta decidirme a hablar. Quiero contarte algo, digo, por fin. La voz me tiembla, estoy nerviosa. Mi profesora me ofreció un puesto en su escuela, informo. Se queda callado. ¿No te alegra?, pregunto. Sí, claro, es muy bueno que te hayan elegido, aunque no sé si será el mejor momento. A ella el alma se le va al suelo. Pronto nos casaremos, lo que puedan pagarte no incidirá en nuestros ingresos, ya sabés que desde que tu padre me dio participación en el estudio estoy ganando muy bien; además, en ese barrio, vaya a saber cuál es el elemento. El corazón se me detiene. ¿Cómo sabés el barrio si yo todavía no te lo conté?, le pregunto. Él baja la mirada. Hablaste con mi madre, ¿no?, ¿con qué derecho te llamó? Ella quiere lo mejor para vos, dice él. Yo me acuerdo de Benja. Mamá no puede con él. Lo envidio.

 

6 comentarios:

  1. Qué pena que Benja no hubiera influido más en su vida!

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  2. Su madre y Pedro cortados por la misma tijera, ella se empareja con alguien que la manipula emocioalmente, eso no es amor, ni el de la madre ni el de Pedro

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  3. No. Y ella buscó en Pedro el sometimiento al que estaba acostumbrada

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  4. ¡Qué vida vacía tiene esta mujer! Necesita vivir la vida de sus hijos.

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    Respuestas
    1. Sí. Y si su hija despega la deja a ella en descubierto. Sí podía una mujer

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