25
El día transcurre interminable. La nena se despertó a las seis de la mañana y, en consecuencia, desde esa hora ella está despierta. Perdió la cuenta de cuántas veces la amamantó ya. Cuántas veces la cambió. A la mañana estuvo Teresa y dejó la casa impecable. Al mediodía se calentó una tarta que sobró de anoche. Luego tomó un té. Ahora, la nena dormida, no sabe qué hacer. Estoy aburrida, piensa. Pero no está aburrida de hoy. Su aburrimiento lleva días, meses. Más de un año. Desde que terminó el profesorado. Porque a ella siempre le gustó estudiar. Siempre fue buena para el estudio, además. Quizá podría empezar algún curso, se plantea. Y luego descubre que piensa tonterías. ¿La rifo a Ema?, se pregunta. Y, además, ¿para qué le serviría lo estudiado? ¿Una cuenta más en su collar de señora preparada y culta? ¿Preparada para qué?, ¿para vegetar en una jaula de oro? El living enorme, el balcón terraza, la cocina de revista. Ni siquiera puede lucirse con sus amigas porque no las tiene. Los únicos visitantes son las relaciones de Pedro. Cenas paquetas para clientes potenciales. A veces se suman Juan Cruz y Luján. Relaciones públicas. Recuerda su casa de infancia. Muchas veces ellos cenaban en la cocina mientras su madre se deshacía en atenciones con los clientes de su papá. Aunque su mamá sí tenía amigas, tiene que reconocer. Ella tenía amigas, pero bien se ocupó de espantar las mías, decide.
Mamá está tomando el té con sus amigas. Nos pidió a Benja y a mí que no la molestáramos. Benja se fue a su cuarto porque tiene tarea de lengua. Los Juanes no están, ellos siempre están en otros lados. Para ellos sí hay un afuera. Me apoyo en la pared del pasillo y espío. Están Susana, Charo y Elina. Yo me las conozco. Charo es la mejor, siempre me acaricia la cabeza y una vez me trajo un jueguito de tazas de té de porcelana. Igual mamá no me deja que las use porque dice que se me pueden romper porque yo soy muy atolondrada, así dijo, yo no conocía la palabra, pero seguro que quiere decir torpe, que eso sí siempre me dice. Están tomando té en tazas de porcelana como las que me regaló Charo pero más grandes. Nosotros no tomamos en esas, mamá las reserva para sus amigas que seguro que no las rompen. Veo muchas cosas ricas sobre el mantel. Blanco es el mantel y tiene flores bordadas. Charlan y se ríen. A mí me gustaría invitar a mis amigas a tomar la leche en el comedor pero eso nunca pasa. Una vez pasó. Vino Patricia y volcó el Tody sobre el mantel que no aunque no era este igual era bordado. Mamá no dijo nada pero yo me di cuenta de que estaba enojada porque le conozco la cara. La otra vez que vino Patri merendamos en la cocina. Y después Patri no quiso venir más, no sé por qué. ¿Quién está ahí?, pregunta de repente Charo y yo quisiera salir corriendo pero me quedo congelada. Vení a darme un beso, me pide. A mí me da mucha vergüenza pero si me pide tengo que ir. Me acerco. Ella me levanta la cara porque yo voy mirando el suelo. Qué nena tan preciosa, y yo con tres varones. Tenés suerte, le dice Susana, las mujeres dan mucho más trabajo. Yo no me había dado cuenta de que doy más trabajo que mis hermanos me parecía que era al revés, papá siempre dice que soy buenita pero a lo mejor sí doy más trabajo y es por eso que mamá se impacienta conmigo. ¿Más trabajo porque me tiene que peinar? Charo me aprieta contra ella. ¿Querés una masita?, me pregunta mientras me ofrece un plato. Hay un alfajorcito de maizena y a mí me encantan pero antes de agarrarlo la miro a mamá. Andá para la cocina, Paz, podés pedirle a Rosaura que te de uno, dejé más en la heladera. Dame otro beso antes de irte, me pide Charo y yo le hago caso. Tiene rico olor. Decile a Rosaura que yo digo que puede darte dos. Vos siempre malcriándola, la reta mamá, pero no parece enojada. Me escapo corriendo.
Suena el celular. Laura. En un rato voy a llevar a Tincho al parque, ¿no tenés ganas de venir? A ella se le agita el corazón. Claro que tiene ganas. Su tarde muerta acaba de cobrar sentido. Se mira en el espejo del living. ¿Le entrará el jean? Hace días que no intenta calzárselo. Va hasta el dormitorio y saca el pantalón de la percha. Sí, le cabe, ya casi no la ajusta. Está por elegir una remera, pero piensa que una camisa será más cómoda por si tiene que darle de mamar a la nena. Nunca la amamantó en público, pero hay muchas cosas que quiere comenzar a hacer. Se pinta los labios y se cepilla el cabello. Vuelve a mirarse en el espejo del placar. Estoy linda, se dice, y le da vergüenza. No hay que alabarse a sí misma, le enseñó su mamá. Y parece que tampoco había que alabar a las hijas. Agita la cabeza. Estoy linda dice ahora en voz alta. Recuerda a Charo. Que nena preciosa. Soy linda reformula. Preciosa.
Mamá charla con Susana. Vino a almorzar y ahora están tomando un café. Me apoyo en la pared del pasillo porque me gusta escuchar lo que dicen, aunque a veces hablan muy bajito y no se oye. Qué buenos mozos que están tus muchachos, las chicas van a hacer cola para conquistarlos; todos son guapos, pero Benjamín es un muñeco, con esos ojos, esas pestañas, esa sonrisa, todo es delicado en él; parece una porcelana de Lladró. Mamá ladea la cabeza y frunce los labios. La que tiene facciones delicadas es Paz, le dice. Sí, por supuesto, es muy bonita, pero en Benjamín, como es varón, resultan más llamativas. Mamá vuelve a ladearla. Porque todavía no se desarrolló, dice, ya se le acentuarán los rasgos. Sí, claro, contesta Susana y después mira el reloj y dice: mejor me voy yendo, Rosarito, se me hizo tarde. Me parece que ella también se dio cuenta de que a mamá no le gustó nada lo que dijo.
Por más Charos y más Lauras en la vida de Paz!
ResponderBorrarLa importancia de una palabra para una criatura. Y Laura... !imprescindible!
BorrarQué le habrá pasado a esa madre para ser así ...
ResponderBorrarQuizá tuvo una madre parecida. Ella cree estar obrando bien.
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