A
las tres suena su celular. ¿Venís a la plaza? No puedo, estoy esperando a mi
cuñada contesta ella y luego pregunta ¿mañana? Las siguientes dos
horas, busca la palabra, le escuecen. Recién repara en que nunca estuvo a solas
con Graciana. La conoció siendo una nena y nunca cruzó con ella mucho más que
un hola o un chau. Cuando nació Bruno
solo la visitó en el sanatorio, lleno de gente por supuesto. Tampoco con
sus otros seis sobrinos ha tenido contacto personalizado. Si los ha visto en las
innumerables reuniones familiares, pero sabe poco y nada sobre ellos. Lindos
todos. Es una familia de gente linda, piensa. ¿De linda gente? No está muy
segura. De sus tres cuñadas, si es que no está mal informada, Graciana es la
única que trabaja. Fue compañera de facultad de Juan Bautista. ¿Qué
especialidad tendrá Graciana? Juan es actuario, su madre siempre se precia de
que es una de las carreras mejor remuneradas. Micaela estudió en el mismo
profesorado que ella, varios años antes, pero no llegó a recibirse. Ni bien se
casaron a Juan Mateo lo mandaron por un año a Estados Unidos y ella lo
acompañó. Regresó embarazada. Ya tiene dos chicos. De ella sí sabe, porque de
esta nuera sí que su madre habla. Una familia de alcurnia. Los padres de
Graciana son sencillos. Cree que solo los vio en el casamiento. Luján ni
siquiera estudió nada. Se casó antes de los veinte y tiene cuatro nenas.
Seguramente no se detendrán hasta que llegue el ansiado vástago. ¿Qué está
haciendo ella perdiendo tiempo pensando en sus cuñadas que nunca formaron parte
de su vida? El tiempo en realidad le sobra. Le quema la percepción de su improductividad. Si
es de larga data, ¿por qué ahora? Anoche comenzó el libro de la Gutman. Habla
de todo lo que remueve el puerperio. Así está ella, como si la hubieran metido
en una batidora, el presente mezclado con el pasado remoto, borrados los
límites entre el ayer y el mañana. Sacude la cabeza. Controla el reloj. La nena
sigue durmiendo. ¿Será mejor despertarla así no la interrumpe cuando llegue
Graciana? Timbre. Se acomoda la ropa y el cabello y acude a atender. Luego de
los saludos de rigor y de los comentarios sobre el tiempo Graciana pregunta ¿y
Ema? Claro, piensa ella, solo vino por la nena. La conduce junto a la cuna.
¡Qué preciosa! exclama su cuñada no hay caso, los genes Bullrich son infalibles;
hasta Bruno salió lindo pese a la dudosa contribución de mi familia. ¿Tomás un
té? ofrece ella porque son las cinco de la tarde, Teresa le dejó en la
heladera un lemon pie y ella encargó sándwiches de miga. Prefiero un café,
si no te joroba. Ella se siente desubicada. Tengo veintitrés años y
costumbres de vieja, piensa. Costumbres de mi madre, se corrige. Se dirige a la
cocina y Graciana la sigue. Creo que es la segunda vez que vengo a esta casa
dice hermosa tu cocina, tan luminosa. Y como se siente observada
en los preparativos ella sugiere ¿por qué no me esperás en el comedor?, la
mesa está preparada, en un minuto llevo todo. Tiene miedo de volcar, de
romper, de ensuciar. Inútil. Torpe. Atolondrada. Como
prefieras dice su cuñada, quizá percibiendo su incomodidad. Mientras se
hace el café, calienta la lecherita en el microondas, saca la jarra con jugo de
la heladera, pone los sándwiches en un plato y le quita el film a la torta. Los
gajitos de limón no harán falta. Luego vierte el café en la cafetera de
porcelana. Intenta acomodar todo en la bandeja, pero no entra. Tendré que hacer
dos viajes, piensa. Lleva entonces
primero la tarta y la jarra y las deposita sobre la mesa. ¿Te ayudo?
pregunta Graciana. No, no, ya vengo la frena. Minutos después sirve café
y jugo y corta un par de porciones de tarta, por suerte sin contratiempos. Al probarla su cuñada exclama ¡está
riquísima!, ¿la hiciste vos? Ella duda unos instantes. Se le aparece el
rostro de su madre. Está por contestar que sí, cuando decide: basta para mí. La
hizo Teresa admite. Yo soy un
chasco cocinando confiesa Graciana porque, además, no me gusta; Juan
Bautista se da más maña que yo y por suerte tenemos a Aurora que es una joya,
el cielo me la conserve, Bruno la adora. Ella descubre que no conoce a su
hermano. Desde chica ha metido a los tres Juanes en la misma bolsa. No sería
capaz de nombrar características que los distingan. Hasta físicamente son muy
parecidos, salieron al padre. En cambio, Benja y ella tienen muchos rasgos de
la madre. Ahora que reflexiona, tampoco Juan Bautista aparece mucho en el
discurso materno, más allá de comentar, siempre que puede, que es actuario y
que gana mucho dinero. De Juan Cruz y Juan Mateo sí que habla, se deshace en
halagos; también de esas dos nueras. ¿Cómo no reparé antes en esto?, se dice.
Mientras ella cavila, Graciana le cuenta que está tratando de organizar un
jardín rodante para Bruno es vivísimo, ya se aburre en casa, más siendo hijo
único. Como en automático ella comenta me imagino que no por mucho
tiempo. La expresión de Graciana se endurece. Parecés tu madre dice
y ella siente una trompada en el hígado. Perdoname la intromisión pide
porque ella no logra perdonarse a sí misma. Su cuñada menea la cabeza. Juan
y yo estamos de acuerdo en que no tendremos otro; lo adoramos al peque, pero no
queremos más ataduras, nuestros trabajos nos requieren mucho tiempo y
dedicación y no es cierto que los chicos se crían solos. Ella siente que va
mermando en la silla. Desea que la nena se ponga a llorar para que la situación
se acabe. De pronto Graciana la mira y le pregunta ¿cómo estás vos? Pese
a sus esfuerzos a ella los ojos se le llenan de lágrimas. Su cuñada le oprime
la mano. Me dijiste que te sentís sola. Estoy sola la corrige ella.
Pensé que tu madre venía con frecuencia. Con demasiada frecuencia, pero cuando
está ella me siento más sola todavía. Graciana levanta las cejas. Tu
madre es una mujer difícil, yo no me la banco, sin embargo, yo pensaba que
ustedes se llevaban bien; habla maravillas de vos. Ella se sorprende. ¿Mi
madre alabándome cuando toda la vida se ocupó de desmerecerme? ¿Qué hacés? le
pregunta Graciana. Ella se desconcierta. ¿Cómo que qué hago? Con tu tiempo. Ella
recibe una descarga eléctrica. Te aseguro que con la nena el tiempo no me
sobra. Los primeros meses con Bruno fueron desesperantes para mí; me resistía a
ser solo una máquina productora de leche; los días se me hacían eternos; metía
al bebe en el carrito e iba de casa en casa, precisaba hablar con alguien, Juan
llegaba tarde y Aurora es una joya pero no le sacás una palabra con tirabuzón;
fue una bendición retomar el trabajo; volvía del despacho muerta de ganas de
ver al nene y recién entonces empecé a disfrutarlo realmente; más a medida que
iba creciendo, cuando empezó a hablar, que comenzó muy chiquito, fue
maravilloso; me puedo relacionar con él en la medida que es un sujeto de razón;
ahora jugamos juntos, le leo cuentos. Ella la escucha y cavila. Cuántas maneras
diferentes de ser mamá. Laura y Graciana
en las antípodas y ambas aman a sus crías. ¿En dónde quedo yo?, evalúa, ¿cómo
habrá sido mamá conmigo en mis primeros años? Empiezo a hablar y no paro comenta
Graciana te estaba preguntando a vos cómo ocupás tu tiempo. Me aburro
confiesa ella cuando la nena duerme me aburro tanto y como si fuera una
canilla a la que se le rompió el cuerito continúa pero no me aburro desde
que nació Ema sino desde mucho antes. ¿Desde cuándo? ¿Le puede poner una
fecha a su desazón? Sí, puede. Desde que me casé responde. ¿Por qué
dejaste de trabajar, Paz? En realidad, nunca llegué a trabajar; me recibí y me
casé. ¡Qué desperdicio! exclama Graciana siempre pensé que serías una
excelente maestra. Mayúscula su sorpresa. ¿Por qué? inquiere. Siempre
me pareciste muy dulce, desde que eras nena. Que Graciana tuviera opinión
formada sobre ella le resulta absurdo. Claro, dulce; dulces son las nenas
insignificantes. Además, Juan me decía que eras muy inteligente, que
tenías mucha facilidad para el estudio, parece que algún profesor tuyo se lo
comentó. Ella sigue azorada. ¿Juan Bautista alguna vez se dignó a hablar
sobre ella con su novia? Ese hermano con el que cree nunca sostuvo una charla
trascendente. ¡Ya me acuerdo!, la persona que te hizo la orientación
vocacional era la prima de un amigo de él, Ignacio. El llanto de Ema la
sobresalta. Voy a buscarla dice ella. Minutos después regresa con la
criatura. Graciana la alza y la besuquea, luego ella la alimenta, luego la
cambia, luego llega Pedro. La conversación definitivamente interrumpida. En el
momento de la despedida su cuñada le propone te llamo un día de estos y te
venís a casa; no me gusta dejar a Bruno tanto tiempo, con el trabajo ya es más
que suficiente, es muy pegote conmigo, me extraña. Pedro que andaba por ahí
pregunta ¿y cómo se supone que va a ir si no maneja? ¡Se toma un taxi!,
tener una hija no la convierte en una discapacitada. Pedro la acompaña
hasta abajo. Cuando regresa comenta tu madre tiene razón, Graciana es así
porque Juan Bautista nunca le paró el carro. Afortunadamente, piensa ella.
Lo piensa, pero no lo dice, claro.
Sigamos brindando por estas personas que le abren nuevos mundos a Paz!
ResponderBorrarSin estos laderos, solita no podría
BorrarRedescubre a sus familiares ahora que empezó a abrir sus ojos.
ResponderBorrarEsta Graciana será fundamental
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