lunes, 24 de noviembre de 2025

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Cenaron casi en silencio. La cabeza de Paz girando sin parar. Como una ruleta que da vueltas indefinidamente mientras uno espera que la bolilla caiga en el número que acabamos de coronar, piensa. Su padre la llevó a conocer el casino antes de los dieciocho. A él le gustaba mucho jugar. Con generosidad, pero con mesura, evalúa. Como su madre detestaba ir, está lleno de gente vulgar, decía, ella solía acompañarlo. Le enseñó a apostar. Con cualquier número que aciertes debés, al menos, recuperar la postura. Plenos, semiplenos, cuadros y calles. A ella le gustaba jugar. Aunque lo que más le gustaba era estar con su padre sin la presencia de su madre. Su padre le enseñó, también, a jugar al ajedrez. Muchas cosas le enseñó. Sin embargo, la más importante aún sigue pendiente.

 

Papá, ¿me podés enseñar a manejar?, le pregunto cuando Rosaura trae el café. Claro, sos la única que me falta, me contesta mientras revuelve el pocillo, el fin de semana combinamos; a tus hermanos les enseñé en los lagos de Palermo. No me parece buena idea, acota mamá y enseguida me doy cuenta de que empezamos mal. ¿Y en dónde sugerís que practiquemos?, le pregunta papá. Todavía no tiene dieciocho. Los cumpliré en unos meses. Sé perfectamente cuando cumplís años, pero es un riesgo poner al volante a una menor, lo comprometés a tu padre. Pero mis hermanos empezaron a practicar a los dieciséis, trato de convencerla. Sí, pero son varones. Papá, que estaba callado, reacciona y pregunta: ¿y eso qué tiene que ver? Los hombres tienen mucha más facilidad para manejar, pareciera que nacen dotados; vos sos muy nerviosa, temerosa, no estás todavía lista para eso; con la bicicleta también te costó. Yo quisiera recordarle que no es que me costó, si no que ellos no se ocuparon; me enseñó la mamá de Leticia, pero me callo. ¿No tengo razón, Esteban?, le pregunta a papá que se puso a leer el diario. Él se encoge de hombros. Vos la conocés más que yo; cuando decidan que está a punto me avisan. Yo me levanto de la mesa porque no quiero que mamá me vea llorar. Después dice que soy blandengue, que tengo que aprender a controlar las emociones. No se llora en público, me decía desde chiquita. Hice mal en preguntarle a papá frente a mamá. De todos modos, imposible pretender que algo se le escape. Aprenderé más adelante.

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