Papá, ¿me podés enseñar a manejar?, le pregunto cuando Rosaura trae el café. Claro, sos la única que me falta, me contesta mientras revuelve el pocillo, el fin de semana combinamos; a tus hermanos les enseñé en los lagos de Palermo. No me parece buena idea, acota mamá y enseguida me doy cuenta de que empezamos mal. ¿Y en dónde sugerís que practiquemos?, le pregunta papá. Todavía no tiene dieciocho. Los cumpliré en unos meses. Sé perfectamente cuando cumplís años, pero es un riesgo poner al volante a una menor, lo comprometés a tu padre. Pero mis hermanos empezaron a practicar a los dieciséis, trato de convencerla. Sí, pero son varones. Papá, que estaba callado, reacciona y pregunta: ¿y eso qué tiene que ver? Los hombres tienen mucha más facilidad para manejar, pareciera que nacen dotados; vos sos muy nerviosa, temerosa, no estás todavía lista para eso; con la bicicleta también te costó. Yo quisiera recordarle que no es que me costó, si no que ellos no se ocuparon; me enseñó la mamá de Leticia, pero me callo. ¿No tengo razón, Esteban?, le pregunta a papá que se puso a leer el diario. Él se encoge de hombros. Vos la conocés más que yo; cuando decidan que está a punto me avisan. Yo me levanto de la mesa porque no quiero que mamá me vea llorar. Después dice que soy blandengue, que tengo que aprender a controlar las emociones. No se llora en público, me decía desde chiquita. Hice mal en preguntarle a papá frente a mamá. De todos modos, imposible pretender que algo se le escape. Aprenderé más adelante.
Todos a merced de esta mujer tan cruel!!! Mueve todos los hilos.
ResponderBorrarElla CREE que lo hace por el bien de los demás
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