Ema Blaquier anuncia la secretaria. Qué extraño escuchar el nombre completo de su hija. Entran las tres. Montalván es el pediatra de las nenas de Luján. Ella se lo recomendó. Es la segunda vez que lo ve, pronto le tocaba el control de los dos meses. La primera vez también fue con su madre: a Pedro le había surgido una reunión impostergable. El hombre revisa a la beba que aúlla a todo pulmón. Tiene treinta y ocho informa el médico. Yo le tomé la temperatura antes de venir explica su madre estaba casi en treinta y nueve. pero le puse unos pañitos fríos en la frente y la desabrigué. Paz se siente inútil. Un ente. El médico, sin embargo, no presta atención a los comentarios de su madre y se dirige a ella. Es importante que no te asustes, Paz, si te ponés nerviosa la nena se alterará más; es muy frecuente que los bebés levanten temperatura; la próxima me llamás por teléfono antes de venir, quédate tranquila, tu hija está sana; la estás cuidando muy bien; esto es solo un resfrío. Los ojos de ella se llenan de lágrimas. Gracias, doctor dice muchas gracias. ¿No la va a pesar? pregunta la madre. El hombre mira la ficha. Tiene control la semana que viene; no es bueno estar pesando a los bebés a cada rato, les genera ansiedad a las mamás; pero para que usted se quede tranquila, señora, la vamos a pesar. La nena redobla el llanto cuando la ponen en la balanza. Subió seiscientos gramos informa el médico. ¿No precisará complemento?, mis bebés aumentaban más de un kilo por mes. Las criaturas amamantadas aumentan alrededor de ciento cincuenta gramos por semana, señora y dirigiéndose a ella agrega Ema está perfecta, Paz, seguí como venís. Gracias, doctor reitera ella.
La nena llegó dormida y durmiendo continúa. Ya no está tan calentita. Montalván indicó que no la despertara ni que le insistiera para comer. Ella sabe lo que precisa dijo. Su madre insiste en quedarse hasta que llegue Pedro. Emociones contradictorias. Por un lado, su mamá la hace sentirse insegura en su desempeño materno; por otro, sentir a su madre cerca le da seguridad. Mamá me cuida. En cuanto Pedro aparece, su madre se va. Tu padre me espera para cenar se justifica. Bajan juntos. ¿Qué dijo Montalván? pregunta Pedro al regresar. Ella le cuenta. Me dijo que la estoy criando muy bien concluye, orgullosa. Pedro hace una mueca. Se contagió en la plaza dictamina. Ella se queda en silencio. Dónde se lo habrá pescado había sido el comentario de su madre que ella simuló desoír. Evidentemente hablaron en el ascensor. Algo le ruge por dentro. Quizá vos trajiste virus del despacho, estás permanentemente con gente. Él la mira arqueando las cejas. Lo único que falta es que digas que el culpable soy yo. Claro, si lo obvio en esta familia es que los errores sean siempre míos; no es cuestión de buscar responsables; la nena se resfrió y punto el volumen de su voz va subiendo me dijo Montalván que es muy frecuente, que me vaya acostumbrando; saco a la nena para que tome aire y sol y, además, para ventilarme yo; vos llegás cada día más tarde, me asfixio aquí adentro, todo el día sola. Él guarda unos instantes de silencio. Luego hace un gesto despectivo y dice se nota que anduvo Graciana por acá, que estás tan levantisca agarra su portafolios y agrega me voy a duchar. Ella se queda con el corazón galopando. Tanto que se lleva las manos al pecho. Desde el pasillo Pedro pregunta ¿hay algo para comer? Ella va a seguir confrontándolo, pero inspira hondo y luego dice sacaré una pizza del freezer.
Es tan común recurrir a nuestra mamá la primera vez que se enferman los hijos…es lógica su contradicción!
ResponderBorrarClaro, porque la madre también es seguridad y cobijo. Y en momentos de angustia...
BorrarTodos por temor necesitamos el apoyo de la madre en alguna oportunidades cuando alguno de nuestros hijos volaban de fiebre, lo que no es lógico, es que esa madre actúe como si la bebé fuese de ella y pasando por encima a la responsable haciéndola sentir una inútil, que mujer desagradable la madera y el marido también.
ResponderBorrarAsí es. La hija se siente segura a su lado pero también descalificada.
BorrarMadre
ResponderBorrarNo me cae bien Pedro. Es un violento y la desvaloriza. Me siento identificada con Paz
ResponderBorrarViolento pasivo pero violento al fin. Desvalorizarla forma parte de esa violencia
BorrarPobre Paz, logrará que la valoren?
ResponderBorrarAl menos consiguió la valoración de Montalván!
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