En cuanto abre la puerta, Benjamín entra y la abraza. Fuerte la abraza. ¡Qué sorpresa! exclama ella ¿no te encontrabas hoy con mamá? Porque sí, ayer su hermano la notificó de la cita. Su madre, ni una palabra. De allí vengo informa su hermano servime un café, por favor. Ella mira el reloj: falta más de una hora para el habitual retorno de Pedro. Aunque últimamente suele demorarse. Va hacia la cocina. ¿Ema? pregunta Benjamín. Duerme, cuando la veas no la vas a reconocer; ya se ríe con ruido, agarra todo, gira en la cuna; el otro día casi se me cae de la cama, es super movediza. Mientras ella trajina con la cafetera él informa voy a verla. Ni se te ocurra despertarla, con ella en el medio es imposible charlar. Es cierto, ¡está enorme! comenta él al regresar y cada día más linda, sale a su tío. Obvio lo festeja ella a lindo nadie te gana. Vos casi me empatás jaranea él. Ya sentados ella reclama contame, contame todo, con lujo de detalles. Nos encontramos en el Havanna de la otra cuadra de casa, de su casa, bah, pero en ningún momento propuso que me acercara a saludar a papá; creo que no le había contado que nos íbamos a ver. A mí tampoco me comentó nada. Él se encoge de hombros. Así es nuestra madre dice. ¿Y? Comenzó preguntándome por mi trabajo, no tenía la menor idea; se la veía interesada; me preguntó varias veces si estaba satisfecho, no pudo menos que comprobar lo que la arquitectura representa para mí; estaba sorprendida con mis logros. ¿Y cómo siguió? Hablando sobre papá; está preocupada, lo ve muy venido a menos. A mí nunca me comenta nada dice ella, sorprendida. Él vuelve a encogerse de hombros. ¿Y después de papá? Después miró el reloj y dijo que se le hacía tarde. Ella experimenta una fuerte desilusión, pero comenta al menos se rompió el hielo. En el momento de despedirse me agarró las dos manos y me dijo que estaba contenta de que nos hubiéramos encontrado, que ya volveríamos a hacerlo Benjamín la mira ¿sabés, Paz, cuánto hacía que mamá no me tocaba? A ella se le hace un nudo en la garganta. Remedando, sin darse cuenta, el gesto de su madre, Paz oprime ambas muñecas de su hermano. Los ojos de Benja se llenan de lágrimas.
Está parada frente al placard abierto. Duda. ¿Casual o ejecutiva? Tiene tanta ropa y tan poca posibilidad de usarla. Ni bien se casaron eran frecuentes las reuniones “laborales”. Ella iba a la peluquería, se maquillaba, se ponía un trajecito o alguna otra vestimenta formal, se calzaba su sonrisa de esposa, tan aprendida de su madre, y allí iba. A aburrirse infinitamente mientras los hombres hablaban de clientes y las mujeres de empleadas domésticas. Las salidas fueron disminuyendo. Considera, recién ahora, que a lo mejor a Pedro ya no le parecía tan decorativa una esposa embarazada. Desde que nació la nena no fueron a ningún lado. Ni siquiera visitas familiares. Es cierto que ella se resistió a ir al cumpleaños de Luján, pero quizás hubieran podido ir a comer afuera algún día llevando a la nena. Me siento ahogada, determina. Agradece que Laura y Graciana se hayan convertido en sus interlocutoras. Aunque ahora a Laura la ve menos. Las dos están más ocupadas. Ojalá Benjamín se mudara a Buenos Aires. Su vida sería distinta. Quizá, sus consejos mediante, su vida hubiera sido diferente. Su cabeza siempre volando. Regresa al placard. Ya recuperó la línea, solo le quedaron un par de kilos que mal no le vienen. Se mira ante el espejo en ropa interior. Se mira y se gusta. Está más… no encuentra la palabra… más redonda, más turgente. Más mujer. Más hembra, se corrige, con vergüenza. Las caderas un poco más anchas, los pechos colmados. Seguramente a su madre le gustaba más antes. Más elegante. La gente distinguida es delgada. Su madre, pese a sus casi sesenta, conserva una figura envidiable. Otra vez se distrajo con pavadas y el tiempo corre. Se decide por un pantalón negro de pana y una blusa de seda color peltre. Se mira en el espejo y desabrocha dos botones. Asoman sus senos. Dudó si ir al encuentro sola o con Ema. ¿Su hija como escudo protector? Pero es una entrevista laboral, no corresponde. Va al baño. Se maquilla y se perfuma. Dolce-Gabbana, Light Blue, su sello. Pasa por el cuarto de la nena. Duerme, por suerte. Le roza la cabecita. Le da a Teresa las últimas instrucciones y sale. Arregladita como para ir de boda como canta Serrat.
Qué terrible que la madre se le cuele en todos los pensamientos! Y qué bueno que, gracias a la influencia de Paz se haya reencontrado con su hijo.
ResponderBorrarLa madre es ominpresente, como dijo en la primera entrega. Por suerte algún cambio se le va vislumbrando
Borrar