¿Qué pasó? le pregunta Graciana, aún en piyama, mientras toma a Ema de sus brazos. Antes de empezar a hablar preciso un café. Graciana le devuelve la nena y ambas se dirigen a la cocina. Bruno aún duerme, por fortuna explica su cuñada. Perdoname que te desperté. Supongo que tenías motivos valederos. Graciana dispone trozos de pan dulce en unos platitos y sirve el café. Te escucho dice. Entonces Paz le cuenta. ¿Qué pensás hacer? pregunta Graciana cuando ella, por fin, calla. No sé, por eso vine. Graciana se toma unos cuantos segundos antes de preguntar ¿lo querés? Ella recuerda a Benjamín. Claro, eso es lo único realmente importante. No lo sé. ¿No lo sabés o preferís pensar que no lo sabés?; reformulo, ¿querés seguir llevando la vida que llevás? ¡No!, eso seguro que no. ¿Qué quisieras cambiar? ¡Todo! Graciana permanece un buen rato en silencio antes de decir entonces quizás este hallazgo sea una oportunidad.
Adulterio, contesta papá y yo no sé qué es eso, pero suena a grave. Si se separaran todos los matrimonios infieles ya no existirían parejas, dice mamá. No es solo eso, Rosario, hace mucho tiempo que se llevan mal; vamos a aducir al adulterio, pero hace años que ella quiere separarse, no lo hizo por lo económico, así que la infidelidad le vino como anillo al dedo.
Bruno aparece en la cocina. Descalzo, en piyama. En cuanto la ve se le tira en los brazos. ¡Tía! exclama. Minutos después aparece Juan Bautista, también en piyama. ¡Qué sorpresa! dice. Ella le cuenta de Teresa y Cromañón mientras Graciana le sirve un café. Estoy hasta la coronilla de pan dulce exclama él, apartando el plato que su mujer le ofrece. Lo lamento, hay que consumirlo dice Graciana con una sonrisa encantadora acercándoselo nuevamente porque está noche se renovará el stock. Inútil oponerse a tus mandatos dice él riendo mientras, resignado, mastica. Ella repara en que es la primera vez que ve moverse a la pareja en la intimidad. Se aman, piensa, se percibe en cada gesto. Suena su celular. Pedro. Apaga el aparato. ¿Me tenés a la nena? le pide a Graciana. Dámela a mí ofrece Juan Bautista tendiéndole los brazos. Va hasta el baño y se moja la cara. Necesita estar lúcida. Pensar. Tengamos las fiestas en paz se había propuesto. ¿Con qué cara podría sentarse junto a Pedro esta noche en la casa de Juan Mateo? No iré, decide. Comprueba, aliviada, que ya tomó la primera decisión.
Se desencadena el final. Bien por Paz
ResponderBorrarLos acontecimientos la van propulsando
BorrarQue bueno, reaccionó, ya es una mujer capaz de decidir y seguro lo va a hacer
ResponderBorrarPor fin está pudiendo!
BorrarVamossssssssss!!!!!!!
ResponderBorrarLo está logrando!
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