viernes, 16 de enero de 2026

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La despierta el llanto de Ema. Llanto que se apacigua en cuanto ella se aproxima a la cuna. Llanto que troca en sonrisas cuando ella la alza. Sonrisas y gorjeos. Ya no le urge comer. Lo que precisa es contacto, compañía, evalúa, como yo. Camino a la cocina comprueba que Pedro tampoco durmió en el sillón. Menos mal, piensa. Se prepara el desayuno. Recién después amamanta a la nena. Su cabeza girando a infinita velocidad. Quedó con Martín en que pasará a buscarla alrededor de las tres. Repasa mentalmente todo lo que deberá llevar. Es la primera vez que se traslada con su hijita por más de unas horas. Tantas cosas precisa. Cochecito, asiento para el auto, ropa, cosméticos, pañales, medicamentos por las dudas, ¿termómetro? Para ella solo llevará lo imprescindible: piyama, remeras, un jean, bermudas, ropa interior, un abrigo. Le dijo Benja que Fabián le consiguió una cuna ya en desuso de su sobrino. Tendrá que llevar sabanitas también. Y una mantilla, claro. Y algunos juguetes. Pone a la nena en su hamaquita y se dispone a armar la valija. La está bajando del estante superior del placard cuando suena el teléfono. El corazón se le aloca. ¿Será Pedro? Atiende con los ojos cerrados. ¿Cómo estás? le pregunta su madre. Armando el equipaje responde ella y le transmite sus planes. ¿Estás segura? Sí, mamá, preciso aire. ¿Pedro? No vino a dormir, ¿vos supiste algo de él? No, ni llamó para desearnos feliz año. Tiene cola de paja comenta ella. Espero que tu hermano te ayude a recuperar la cordura dice su madre. Espero que me ayude a recuperar mi autoestima; ya te expliqué, mamá, no estoy dispuesta a que Pedro me siga humillando. Silencio. Llamame en cuanto llegues pide su madre y avísame si precisás algo, lo que sea, a la hora que sea. Gracias, mamá. Las voy a extrañar, vuelvan pronto. A ella le dan ganas de llorar, por eso se apresura a cortar. Está cerrando el bolso cuando la puerta de calle se abre. Qué mala suerte, piensa. Pedro se aproxima. Veo que va en serio lo del viaje dice. replica ella esto no es una broma. ¿Cómo viajás? Me pasa a buscar un amigo de Fabián, vamos en auto. Viaje largo para la nena comenta él. Ella quisiera decirle que mejor se hubiera preocupado antes por el bienestar de su hijita, pero calla. ¿Debiera preguntarle dónde pasó la noche? No quiero desperdiciar fuerzas, evalúa. Se siente agotada aun antes de arrancar. Él se acerca y la toma de ambos brazos. Paz, todavía estás a tiempo, quedate. Ella se desprende del contacto. Preciso irme informa ya charlaremos a mi regreso. Puedo ir a buscarlas cuando me digas ofrece él. Si querés andá a despedirte de la nena propone ella en un rato nos pasarán a buscar. Pedro regresa con la nena alzada. A ella se le parte el corazón. Es su papá, piensa, y yo lo quiero tanto a mi papá. El portero eléctrico suena. Ella recupera a Ema y la sienta en el cochecito. Empieza a juntar los bártulos. Yo te ayudo ofrece él levantando la valija. Bajan en el ascensor en silencio. En la puerta está Martín. Por suerte pude estacionar justo acá dice luego de las presentaciones. Pedro instala el asientito en el auto y Martín carga el equipaje en el baúl. Ella sienta a la nena en su butaca. Nos vamos informa. Pedro la besa cerca de los labios. Paz, todavía estás a tiempo repite. Ella menea la cabeza y se ubica junto a la nena. Te aviso al llegar dice y cierra la puerta. Martín enciende el motor. Pedro levanta la mano y la agita. Ella remeda el gesto. El auto arranca.

 

El paisaje se desliza por la ventanilla como imágenes de un caleidoscopio. Ema duerme. Suena Chopin en la radio del auto. Su padre siempre escuchaba ese concierto. El sol se va poniendo. Está terminando el primer día del año, piensa. Desde el abdomen le sube en espiral una columna de aire tibio. Está por empezar el primer día de mi nueva vida, decide.

 

FIN

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