miércoles, 8 de octubre de 2025

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Entro corriendo al living porque tengo ganas de hacer pis. Benja se quedó afuera con los patines. ¿Qué hacés en remera?, me pregunta mamá que está en el sillón leyendo una de sus revistas. Tengo calor, digo. Hace frío, dice mamá, no ves que encendí el hogar. Miro el fuego y me da más calor. Yo tengo calor, repito. Hace frío, dice mamá. Me quedo callada. ¿Puedo ir al baño? pregunto. Cuando vuelvo mamá me ordena: vení para acá, y me pone un saco de lana. Me lo abotona hasta el cuello. ¿Viste que hacía frío?, repite. A mí me empiezan a chorrear gotas por la cara. ¿Puedo salir?, pido. No porque hace mucho frío. Benja me está esperando. No, te vas a resfriar. ¿Lo voy a buscar? Dejalo, cuando tenga frío va a venir. No entiendo, no entiendo nada. ¿Ya entraste en calor?, me pregunta mamá. Le contesto que sí porque es cierto el calor me entró. El calor me entró y con el saco no me sale. Tengo calor, digo. Así me gusta, dice mamá y me pellizca el cachete. 

 

Los Juanes y Benja se fueron a jugar al fútbol. A Benja no le gusta. Mamá le dice que es necesario. No sé por qué es necesario, él tampoco sabe, me dijo, pero va igual. Hace muchísimo calor. Me aburro sin Benja. Estoy en mi cuarto haciendo un rompecabezas en el piso. Mamá entra y me pregunta: ¿querés ir a tomar un helado? Me levanto como un rayo y le contesto que sí. Lavate las manos, me dice, ya sabés que no me gusta que juegues en el suelo y peinate que parecés una bruja. Yo muy contenta voy al baño, me lavo las manos y me paso el peine. No te peinaste, me dice cuando me ve. Sí, le digo porque es cierto. Mamá cabecea me lleva al baño del brazo y me hace dos colitas bien tirantes. Tan tirantes que me hacen doler la cabeza. Ahora sí, dice, ni peinarte sabés. Me da la mano y vamos caminando por la vereda de la sombra. Me gusta mucho ir con mamá, más porque estamos solas. Voy a pedir de chocolate y dulce de leche. Son mis preferidos, me gustan tanto. Se me hace agua a la boca. Todavía no sé si me conviene pedir el dulce de leche granizado, me parece que sí. ¿De qué querés?, me pregunta el señor porque ya llegamos. De chocolate y de dulce de leche, granizado el dulce de leche, contesto porque ya me decidí. ¿Estás segura?, pregunta mamá y yo creo que es por lo del granizado pero dice: hoy es un día de mucho calor, el limón es más refrescante. El señor con la cuchara en el aire me mira. De limón o de frutilla me parece mejor, dice mamá, el dulce de leche te va a empalagar y después vas a tener mucha sed. A lo mejor mamá tiene razón. Entonces de chocolate y limón, digo, para que me refresque. El señor me sigue mirando, ya apoyó la cuchara sobre la mesa. ¿Chocolate?, ¿estás segura?, total a la tarde te tomás un Tody. El señor me mira a los ojos y me pregunta: ¿vos, y dice fuerte vos, de qué querés, nena? Tiene cara de enojado. Entonces digo: de frutilla y limón. Buena elección, dice mamá mientras le paga a otro señor. El señor me da el vasito, porque mamá siempre dice que es mejor que el cucurucho que es más rico claro pero se chorrea más. Yo me siento y paso la lengua por el limón que me lo puso arriba. Me da escalofríos. Mamá tiene razón porque se ve que me sacó el calor porque ya no tengo tantas ganas de tomar helado. Pero me lo tengo que comer todo porque mamá gastó mucha plata. Pruebo la frutilla. Está mejor. ¿Viste que los frutales son ideales para el verano?, cuando eras chiquita eran tus preferidos. Me parece que no, que siempre preferí de dulce de leche y chocolate, pero a lo mejor no me acuerdo bien. Vas a ver que ahora siempre vas a pedir de frutilla y limón que son mucho más sanos, sigue diciendo, todo es cuestión de costumbre. Todavía me falta la mitad. Apurate dice mamá sos lenta hasta con los helados. Trato pero me dan arcadas. Por suerte ya se terminó el limón. El de frutilla es mejor. Casi como el chocolate. Casi, casi.

 

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