miércoles, 29 de octubre de 2025

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Hoy fui a almorzar con Juan Cruz informa Pedro mientras ella lava los platos el jueves nos espera a cenar, quieren conocer a la nena. Ella piensa que Ema tiene casi un mes y que ninguno de los Juanes se dignó venir a visitarla. Ramos de flores sí que mandaron. Y bombones en cajas con moños. Como corresponde. Solo su cuñada Graciana apareció por el sanatorio cuando Ema aún estaba en la incubadora. ¿Los invitan a cenar con una beba recién nacida? Chau baño, chau rutina. Esa rutina que está empezando a dar resultado, Ema duerme un poco mejor. Mañana nos esperan dijo Pedro, pero ni siquiera preguntó ¿qué te parece?, ¿tenés ganas? Nosotros solos, me imagino comenta ella, ya se sabe que no son buenas para una beba las multitudes, como dice Pedro, se puede contagiar algo. No, van todos. ¿Todos quieren conocer a la nena? pregunta ella y se plantea que es absurdo que su marido sea el interlocutor de su propio hermano. También contesta él pero se festeja el cumpleaños de Luján, treinta. Claro, se dice ella, absurdo pensar que se reunieran para celebrar a mi hija, bastante con que me incluyan con lo molesto que suele ser un bebé. Al único que tiene ganas de ver es a su padre, pero desde que tuvo el ACV, por suerte casi sin secuelas, anda de capa caída. Pedro le cuenta que va poco al estudio, depende para todo de la madre y ella, que viene más días de los que tiene la semana, nunca lo trae. Papá fue el mejor conmigo, determina, salvo, Benja, claro; el mejor pero no supo defenderme, se sincera. Recién ahora puede darse cuenta de eso. Papá la dejo hacer a mamá, concluye, nunca tuvo carácter para oponerse. Como yo, decide.

 

Papá, ¿me podés llevar a lo de Leticia?, vamos a ir al cine a ver Titanic; la mamá me dijo que de regreso ella me alcanza a casa. ¿A qué hora? Tengo que estar a las tres a más tardar. De acuerdo. Gracias, papá, le digo y voy a mi cuarto. Me pongo el jean nuevo que me regaló mamá. Me queda un poco grande, pero mamá dice que la ropa ajustada es de gente ordinaria. Todas mis amigas llevan la ropa bien al cuerpo y yo soy delgada, me quedarían bien pero si a mamá no le gusta… Me pongo el jean y el sweater Bremer que me trajeron del viaje. Me estoy peinando cuando entra mamá. ¿Adónde vas?, pregunta con un tono que me asegura que ya conoce la respuesta. A lo de Leticia; papá me lleva. Imposible, dictamina ella, me tiene que alcanzar al Automóvil Club, hoy tengo torneo de Canasta. Yo salgo corriendo y lo busco a papá. está sentado en el sillón del living escuchando una ópera, Cuando me ve, baja el volumen. Papá, me prometiste que me llevabas a lo de Leticia, ya me comprometí. Él, sin mirarme, dice: sí, pero tu madre me pidió que la alcance a ella. Pero yo te pedí primero, protesto. Sí, pero ya sabés como es tu mamá. Pone la mano en el bolsillo, me tiende unos billetes y me dice: toma, para un taxi. Justo entra mamá. De ninguna manera va a viajar sola en taxi, qué cabeza tenés, Esteban. Pienso que en colectivo ya no llego. No lo puedo creer, Leticia se va a poner furiosa. Además, necesito que te quedes, Paz, en un rato me van a traer una documentación importante. Papá se queda callado. A mí me corren las lágrimas. ¡Tanto drama por tan poco!, dice mamá, vamos, Esteban, pone el auto en marcha que con tanta telenovela se me va a hacer tarde. Papá se levanta y sale. Desde la puerta me dice: chau, hija. Pagliacci sigue sonando. A mí también me encanta esta aria.

 

Se queda reflexionando. Papá no me supo defender de mamá, ¿seré yo capaz de defender a Ema de Pedro y de mi madre? Siente que se marea. Descubre que su fortaleza tendrá que aflorar, ya no por ella, yo ya estoy perdida, evalúa, sino por su hijita. No dejaré que te aplasten, se promete, no seremos dos moscas en la tela, vos no.

 

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