viernes, 3 de octubre de 2025

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El teléfono suena. Ella se apresura a atender antes de que la nena se despierte. Capaz que es Pedro desde el garage, tan poco confía en ella. La sorprende la voz de su hermano menor. Vine a conocer a mi sobrina dice. ¿Dónde estás? En Aeroparque, ¿puedo ir para allá? Ella mira a su alrededor, todo es un caos. La nena comenzó a moverse en el moisés. Claro dice mientras piensa que no va a poder. Corta y, desestimando los incipientes quejidos de la beba abre la ducha. Cuando minutos después sale, el llanto ya es franco. Me tengo que vestir, Ema explica te pido que tengas un poco de paciencia, va a venir tu tío a conocerte. Intenta calzarse un jean pero no lo logra, opta por un vestido holgado. Mientras tanto le sigue hablando a la nena que, mágicamente, troca sus alaridos en una lastimera queja. Ya va, ya va dice al tiempo que recoge la ropa desparramada. El timbre la obliga a suspender su tarea. Se apresura a abrir. Detrás de un enorme oso de peluche Benjamín le sonríe. ¡No puedo creer que ya seas mamá! exclama su hermano mientras la abraza. Ella repara en cuanto tiempo hace que nadie la abraza. Cuánto lo precisaba. La nena llora. No es manera de recibir a tu tío favorito dice Benjamín. Ella la alza, pero su hermano se la quita de las manos. No como Pedro ni su madre, me la quita por cariño, decide ella. La nena, desconcertada, interrumpe su llanto, pero luego arquea la boquita hacia abajo. Mirá lo que es ese puchero, me la morfo. El puchero se transforma en alarido. Su hermano se la tiende. Hacete cargo dice por suerte es hija tuya. Le toca comer informa ella al tiempo que se ubica en el sillón. Por favor, hija, no me hagas quedar mal, ruega por dentro. La beba la mira con intensidad y se prende del pezón. Succiona con energía. Lo veo y no lo creo, ¿te acordás como jugábamos con tus bebés Yoly-Bell? Claro que se acuerda, jugaban a escondidas porque su mamá se lo tenía prohibido a Benjamín. A escondidas también de los Juanes que se burlaban. Mariquita le cantaban. Si la madre los escuchaba los castigaba. Ningún Bullrich ha sido ni será mariquita. Nunca pudo aceptarlo. Se empeña en seguir negándolo. ¿Cómo estás? le pregunta su hermano con tanta ternura que las lágrimas se deslizan por sus mejillas. Nadie le pregunta cómo está. Pedro y su madre han decidido que está loca pero no le preguntan cómo se siente. Epa, hermanita, qué te anda pasando. No sirvo, Benja, para madre tampoco sirvo. Qué decis, mirá esa beba a la que estás amamantando, cómo que no servís. Ahora está así, pero no es así, llora, grita, aúlla y cuando grita, Pedro también grita, no a la nena, a mí, porque soy incapaz de calmarla, con él va mejor, se tranquiliza. El hermano le pasa el brazo por el hombro y se lo oprime. La nena llora tu angustia, tenés que calmarte vos; necesitás sentirte segura para que ella se sienta segura. Ella lo mira sorprendida. Tanto de lo que leyó en labios de su hermano sin hijos. Su hermano que nunca tendrá hijos, solo tuvo al bebé Yoly-Bell, Mariano se llamaba. Paz, te estoy hablando. Perdoname. ¿Querés que le pida a mamá que venga a ayudarte? ¡No!, cuando está ella es todavía peor. ¿Por qué? Siento que me aleja de la nena, me la saca, no quiere que le dé de mamar, le dio mamaderas de entrada, por eso me costó que se prendiera, no quería, a veces todavía no quiere, no me quiere. Benjamín le acaricia la mejilla. Cómo no te va a querer si sos la mamá. Ella se queda en silencio unos segundos. Luego, la vista en el piso, dice yo no sé si la quiero a mamá. Benjamín la mira con intensidad y luego confiesa yo tampoco.

 

6 comentarios:

  1. Guauuuu
    Me mató esta entrada.
    Primero ese “decide ella” sobre la forma en que su hermano le quita la nena. Nuestras voces internas que nos juegan a favor o en contra.
    Y el último párrafo es tan potente…muero por ver cómo sigue…

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  2. Pobre chica! Una madre difícil de querer parece.

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