El
teléfono suena. Ella se apresura a atender antes de que la nena se despierte. Capaz
que es Pedro desde el garage, tan poco confía en ella. La sorprende la voz de
su hermano menor. Vine a conocer a mi sobrina dice. ¿Dónde estás? En
Aeroparque, ¿puedo ir para allá? Ella mira a su alrededor, todo es un caos.
La nena comenzó a moverse en el moisés. Claro dice mientras piensa que
no va a poder. Corta y, desestimando los incipientes quejidos de la beba abre
la ducha. Cuando minutos después sale, el llanto ya es franco. Me tengo que
vestir, Ema explica te pido que tengas un poco de paciencia, va a venir
tu tío a conocerte. Intenta calzarse un jean pero no lo logra, opta por un
vestido holgado. Mientras tanto le sigue hablando a la nena que, mágicamente,
troca sus alaridos en una lastimera queja. Ya va, ya va dice al tiempo
que recoge la ropa desparramada. El timbre la obliga a suspender su tarea. Se
apresura a abrir. Detrás de un enorme oso de peluche Benjamín le sonríe. ¡No
puedo creer que ya seas mamá! exclama su hermano mientras la abraza. Ella
repara en cuanto tiempo hace que nadie la abraza. Cuánto lo precisaba. La nena
llora. No es manera de recibir a tu tío favorito dice Benjamín. Ella la
alza, pero su hermano se la quita de las manos. No como Pedro ni su madre, me
la quita por cariño, decide ella. La nena, desconcertada, interrumpe su llanto,
pero luego arquea la boquita hacia abajo. Mirá lo que es ese puchero, me la
morfo. El puchero se transforma en alarido. Su hermano se la tiende. Hacete
cargo dice por suerte es hija tuya. Le toca comer informa
ella al tiempo que se ubica en el sillón. Por favor, hija, no me hagas quedar
mal, ruega por dentro. La beba la mira con intensidad y se prende del pezón.
Succiona con energía. Lo veo y no lo creo, ¿te acordás como jugábamos con
tus bebés Yoly-Bell? Claro que se acuerda, jugaban a escondidas porque su
mamá se lo tenía prohibido a Benjamín. A escondidas también de los Juanes que
se burlaban. Mariquita le cantaban. Si la madre los escuchaba los
castigaba. Ningún Bullrich ha sido ni será mariquita. Nunca pudo
aceptarlo. Se empeña en seguir negándolo. ¿Cómo estás? le pregunta su
hermano con tanta ternura que las lágrimas se deslizan por sus mejillas. Nadie
le pregunta cómo está. Pedro y su madre han decidido que está loca pero no le
preguntan cómo se siente. Epa, hermanita, qué te anda pasando. No sirvo, Benja,
para madre tampoco sirvo. Qué decis, mirá esa beba a la que estás amamantando,
cómo que no servís. Ahora está así, pero no es así, llora, grita, aúlla y
cuando grita, Pedro también grita, no a la nena, a mí, porque soy incapaz de
calmarla, con él va mejor, se tranquiliza. El hermano le pasa el brazo por
el hombro y se lo oprime. La nena llora tu angustia, tenés que
calmarte vos; necesitás sentirte segura para que ella se sienta segura. Ella
lo mira sorprendida. Tanto de lo que leyó en labios de su hermano sin hijos. Su
hermano que nunca tendrá hijos, solo tuvo al bebé Yoly-Bell, Mariano se llamaba. Paz,
te estoy hablando. Perdoname. ¿Querés que le pida a mamá que venga a ayudarte?
¡No!, cuando está ella es todavía peor. ¿Por qué? Siento que me aleja de la
nena, me la saca, no quiere que le dé de mamar, le dio mamaderas de entrada,
por eso me costó que se prendiera, no quería, a veces todavía no quiere, no me
quiere. Benjamín le acaricia la mejilla. Cómo no te va a querer si sos
la mamá. Ella se queda en silencio unos segundos. Luego, la vista en el
piso, dice yo no sé si la quiero a mamá. Benjamín la mira con intensidad
y luego confiesa yo tampoco.
Guauuuu
ResponderBorrarMe mató esta entrada.
Primero ese “decide ella” sobre la forma en que su hermano le quita la nena. Nuestras voces internas que nos juegan a favor o en contra.
Y el último párrafo es tan potente…muero por ver cómo sigue…
Esas voces internas que a vos tanto te convoca. Seguirá...
BorrarTerrible! Ese hermano me gustó!
ResponderBorrarAl menos hay alguien que comprende lo que es padecer a esa madre
BorrarPobre chica! Una madre difícil de querer parece.
ResponderBorrarDemoledora
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