lunes, 3 de noviembre de 2025

22

 


Ya encontré un muchacho para vos, dice mamá. Quisiera poder decirle que no necesito que me lo busque, que ya tengo diecisiete años, que yo puedo sola y que, además, ya lo encontré. Pero no digo nada y ella sigue hablando. El otro día fui a lo de Elisa y estaba el sobrino; un partidazo, quinto año de derecho, ya trabaja en el buffet del tío, auto propio y un departamento que le dejó de herencia la madre, murió hace años, zafarás de tener suegra; muy buen mozo además; hace poco que terminó con la novia, una arribista según Elisa, los padres son piojos resucitados; y sí, quién no trataría de conseguirlo, partidazo, ya te dije; los invité a cenar el sábado. El sábado es el cumpleaños de Marisa, le recuerdo, te dije que hacía una fiesta. Pues avisale que no irás, Le dije a Pedro, así se llama, que tenía una chica para presentarle, así que a ponete linda, que le anticipé que eras una joya. No quiero, mamá, es muy grande para mí. Dejate de pavadas, siempre dije que el hombre debe de tener al menos cinco años más, nosotras maduramos antes; ya te pedí turno en la peluquería, hace rato que te hace falta un corte de cabello, con el pelo tan largo parecés una nena; y, además, con ese flequillo no se te ven los ojos, Dios te los dio para lucirlos. Se acerca y me da un beso. Tenés suerte, vaya mamá que te tocó, dice. Sí, vaya mamá que me toco aunque no estoy muy segura de que sea una suerte. Tendré que llamarla a Marisa, qué vergüenza. Total qué me cuesta una cena, la dejaré contenta. Pero yo sé bien quién me gusta. Martín se llama. Y, según Marisa, él también gusta de mí. Lo vi varias veces en su casa, es compañero de Santiago, el hermano. Están en sexto porque van al industrial. Tiene el pelo largo y toca la guitarra. Se sabe todas las de Calamaro. Y las de Sui Generis también.  El otro día, después de la merienda, agarró la guitarra y se puso a cantar. Los tres le hacíamos los coros. Hasta la mamá se sumó. Es una genia, Marisa le cuenta todo y la mamá la entiende. No parece una mamá.

 

Entramos al comedor. Mamá ubicó a Pedro a mi lado, por supuesto. Benja no está, él nunca está los sábados. Mi padre y Salvador, el marido de Elisa, de gran charla. Despotrican contra el gobierno. Pedro se suma a la conversación. Se ve que está informado, yo no entiendo nada. Mamá y Elisa también participan. Yo me siento una tonta. Mamá tenía razón: Pedro es muy buen mozo, como dice ella.  Alto, cabello oscuro y ojos claros. Pero demasiado formal para mi gusto. No tiene un solo pelo fuera de lugar. Saco de tweed como los otros dos hombres. Me aburro. Me aburro mucho. Yo debiera estar en la fiesta de Marisa. Bailando con Martín. No en esta cena de adultos. Cuando terminamos vamos a tomar café en el living. A mí no me gusta el café pero tomo igual para no sentirme más mocosa todavía. Pedro se sienta junto a mí y me pregunta por la escuela. Es simpático. Linda sonrisa. Yo entonces le pregunto por la facultad. Derecho estudia. Le cuento que Juan Cruz también es abogado y que Juan Mateo empezó, pero se pasó enseguida a Relaciones Internacionales. Como le llama la atención le cuento que mi abuelo paterno era diplomático, llegó hasta embajador. Le pregunto qué grupo le gusta y me dice que no tiene tiempo para escuchar. A lo sumo música clásica mientras estudio. Y después ya no sé de qué hablar. Por suerte papá le hace una pregunta y el tiempo va pasando. Aprovecho y me levanto. Me meto en mi cuarto. Un rato después aparece mamá y me dice que soy una maleducada. Bajo con ella. Ya se están despidiendo. Pedro me besa en la mejilla y me dice que fue un gusto conocerme, que seguramente pronto nos veremos. Como lindo, es lindo. Pero muy grande y demasiado serio. No sé por qué se le metió en la cabeza a mamá.

 

 Martín me llamó por teléfono y me preguntó si quería ir al cine el sábado. Pero mamá me había avisado ayer que nos invitó a cenar Elisa. Le dije a Martín que lo dejábamos para el fin de semana próximo. Me parece que no le cayó bien porque me dijo que ya veríamos. Tiene razón en enojarse. Me muero por verlo, pero para mí que no va a insistirme más. Soy una idiota por obedecer siempre a mamá. Le voy a decir que la termine con Pedro. Que no se meta más.   

2 comentarios:

  1. Me agota cada episodio. Me siento la protagonista de la historia. Agobiada y con instintos asesinos!

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Confiemos que al recordar tantos episodios algo fermente dentro de Paz...

      Borrar

54

  La despierta el llanto de Ema. Llanto que se apacigua en cuanto ella se aproxima a la cuna. Llanto que troca en sonrisas cuando ella la ...