lunes, 17 de noviembre de 2025

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Está en un banco largo pero la muñeca trocó en una beba de carne y hueso. No hubiera querido tenerla tan pronto, pero entiende ahora que llegó en el momento apropiado. Llegó para despertarme, piensa. Para despertarla de un letargo infinito. Separa los ojos de los ojitos de su hija y descubre a Laura acercándose. Lleva a su bebé en el fular. Levanta la mano con un libro y sonríe. Vaya cómo sonríe. Los dientes blancos son un abanico. Se sienta a su lado y la besa. Lo prometido es deuda dice mientras le entrega el libro. Roza con delicadeza la cabecita de Ema. Cada día está más linda dice y como ella inclina la cabeza y sonríe con displicencia agrega no es un cumplido; es una beba particularmente bonita, una carita perfecta. Ella quisiera devolverle los halagos, pero Tincho es feucho. Los ojos chiquitos y juntos, los rasgos toscos. Por suerte es varón, piensa. Y se siente horriblemente mal al pensarlo porque es un bebe muy vivaracho, pura sonrisa con hoyitos. ¿Duerme? pregunta ella para desviar el tema de conversación. Laura aparta ligeramente a su hijo y lo descubre. Sí, se durmió en el trayecto; a veces lo traigo en cochecito porque me duele la espalda de tanto tenerlo en brazos, pero así no se relaja; este fular es mágico. Ella piensa que debiera tenerla más cargada a Ema. Sin embargo, cada vez que la alza escucha el reto de su madre, aunque no esté. Ya sumó adeptos porque Pedro suele mencionar lo de no malcriarla. Cincuenta y tres días. Ya habrá tiempo para imponerle reglas. Eso piensa ella, sin embargo, la alza poco. Tengo la cabeza tomada por mamá, evalúa. El jueves Tincho cumple tres meses informa Laura tendré que volver a trabajar, necesitamos mi sueldo; se me parte el alma, eso que se lo voy a dejar a mi madre que lo adora y que me sacaré leche que le dejaré; igual pedí reducción de horario, y de sueldo, obvio, hasta los seis meses; y si veo que es Tincho me precisa y mi jefe me banca, trabajaré medio día hasta que cumpla un año; después me tomaré el descanso del almuerzo para pasar por casa a verlo un rato, son solo cinco cuadras; y mamá, si hay alguna urgencia me lo puede alcanzar; Eduardo se va a tomar unos días en el trabajo para ayudar a mi madre hasta que se acostumbren; ya nos iremos arreglando. Ella la escucha sorprendida. Cuántas cosas que su amiga contempla y resuelve. Yo vivo en una burbuja, determina. No me estreso pensando con quién voy a dejar a la nena porque no tengo ningún trabajo esperándome. Como si le leyera el pensamiento Laura le pregunta vos no trabajás, ¿no? Ella niega con la cabeza. Te envidio dice su amiga. Paz quisiera decirle que es ella la envidiosa. Le envidia trabajo, marido, madre. Su alegría. Laura le habla de su trabajo en un taller de tejidos artesanales. Ni bien junte dinero para comprarme unas máquinas me largo por mi cuenta le explica con entusiasmo hace tiempo que vengo ahorrando; en la casa de mis viejos hay espacio de sobra, tomaría un par de empleadas, me encanta diseñar modelos; creo que en menos de dos años mi sueño se convertirá en realidad. Sueños. ¿Cuáles son sus sueños?, ¿cuáles sus proyectos? Su único sueño fue ser médica y le cortaron las alas antes siquiera de intentar el vuelo. Me las cortaron, pero yo lo permití, admite. Estoy hablando como un loro dice Laura y luego pregunta ¿cuando la nena crezca pensás trabajar? Sí contesta ella y otra vez el ventrílocuo se apodera de su boca soy maestra. ¿Le está mintiendo a su amiga o en serio lo piensa? Está muy confundida. Angustiada. Me tengo que ir informa. Seguro que te aburrí con mi cháchara. Para nada, Laura, me hace bien escucharte. Yo me quedo un ratito más, quiero que Tincho tome sol. Ella se incorpora, la besa y acaricia la cabecita del nene. Nos estamos viendo dice y, empujando el cochecito, se aleja.

 

Mamá me pasó a buscar por la escuela para ir a tomar el té en casa de Juan Bautista. Vinimos a ver los regalos de casamiento y todo lo que se trajeron de Europa. Yo justo había quedado en ir a la biblioteca a terminar el trabajo de historia. Graciana, mientras nos sirve jugo, comenta: el lunes se me acaba la licencia, tendré que regresar a la oficina. ¿Para qué?, es la pregunta de mamá. Graciana la mira, parece desconcertada. Es mi trabajo, contesta. Ya no lo precisás, Graciana, Juan Bautista gana más que suficiente; quizá tus padres no podían mantenerte, pero mi hijo sí. ¿Y qué voy a hacer yo dentro de mi casa?, para algo estudié. Estudiaste para ser culta y de paso conociste a mi hijo en la facultad. Me voy a aburrir. Mamá echa la cabeza hacia atrás y ríe. ¿Aburrirte?, te aseguro que yo nunca tuve tiempo de aburrirme; cinco hijos y acompañar a Esteban en sus actividades no fue empresa sencilla. Graciana me mira. Yo bajo la vista. A mí me gusta trabajar, dice al fin. Seguramente Juan Bautista encontrará actividad para vos en el estudio, propone mamá. Gracias por sus consejos, Rosario, los tendré en cuenta para más adelante; en principio, el lunes me reincorporo. De acuerdo, cuando quedes embarazada lo charlaremos nuevamente. No está en mis planes inmediatos, le aclara Graciana. El hombre propone… dice mamá y luego pide: ¿me servirías más té? La envidio a Graciana, ella puede frenarla a mamá. A mí, me aplasta.

 

2 comentarios:

  1. Rosario se mete en la vida de todos. Su pensamiento es el único válido y se pone de ejemplo siempre. Insoportable!

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