Está en un banco largo pero la muñeca
trocó en una beba de carne y hueso. No hubiera querido tenerla tan pronto, pero
entiende ahora que llegó en el momento apropiado. Llegó para despertarme,
piensa. Para despertarla de un letargo infinito. Separa los ojos de los ojitos
de su hija y descubre a Laura acercándose. Lleva a su bebé en el fular. Levanta
la mano con un libro y sonríe. Vaya cómo sonríe. Los dientes blancos son un
abanico. Se sienta a su lado y la besa. Lo prometido es deuda dice
mientras le entrega el libro. Roza con delicadeza la cabecita de Ema. Cada
día está más linda dice y como ella inclina la cabeza y sonríe con
displicencia agrega no es un cumplido; es una beba particularmente bonita,
una carita perfecta. Ella quisiera devolverle los halagos, pero Tincho es
feucho. Los ojos chiquitos y juntos, los rasgos toscos. Por suerte es varón,
piensa. Y se siente horriblemente mal al pensarlo porque es un bebe muy
vivaracho, pura sonrisa con hoyitos. ¿Duerme? pregunta ella para desviar
el tema de conversación. Laura aparta ligeramente a su hijo y lo descubre. Sí,
se durmió en el trayecto; a veces lo traigo en cochecito porque me duele la
espalda de tanto tenerlo en brazos, pero así no se relaja; este fular es
mágico. Ella piensa que debiera tenerla más cargada a Ema. Sin embargo,
cada vez que la alza escucha el reto de su madre, aunque no esté. Ya sumó
adeptos porque Pedro suele mencionar lo de no malcriarla. Cincuenta y tres
días. Ya habrá tiempo para imponerle reglas. Eso piensa ella, sin embargo, la
alza poco. Tengo la cabeza tomada por mamá, evalúa. El jueves Tincho cumple
tres meses informa Laura tendré que volver a trabajar, necesitamos mi
sueldo; se me parte el alma, eso que se lo voy a dejar a mi madre que lo adora
y que me sacaré leche que le dejaré; igual pedí reducción de horario, y de
sueldo, obvio, hasta los seis meses; y si veo que es Tincho me precisa y mi
jefe me banca, trabajaré medio día hasta que cumpla un año; después me tomaré
el descanso del almuerzo para pasar por casa a verlo un rato, son solo cinco
cuadras; y mamá, si hay alguna urgencia me lo puede alcanzar; Eduardo se va a
tomar unos días en el trabajo para ayudar a mi madre hasta que se acostumbren;
ya nos iremos arreglando. Ella la escucha sorprendida. Cuántas cosas que su
amiga contempla y resuelve. Yo vivo en una burbuja, determina. No me estreso
pensando con quién voy a dejar a la nena porque no tengo ningún trabajo
esperándome. Como si le leyera el pensamiento Laura le pregunta vos no trabajás,
¿no? Ella niega con la cabeza. Te envidio dice su amiga. Paz
quisiera decirle que es ella la envidiosa. Le envidia trabajo, marido, madre.
Su alegría. Laura le habla de su trabajo en un taller de tejidos artesanales. Ni
bien junte dinero para comprarme unas máquinas me largo por mi cuenta le
explica con entusiasmo hace tiempo que vengo ahorrando; en la casa de mis
viejos hay espacio de sobra, tomaría un par de empleadas, me encanta diseñar
modelos; creo que en menos de dos años mi sueño se convertirá en realidad.
Sueños. ¿Cuáles son sus sueños?, ¿cuáles sus proyectos? Su único sueño fue ser
médica y le cortaron las alas antes siquiera de intentar el vuelo. Me las
cortaron, pero yo lo permití, admite. Estoy hablando como un loro dice
Laura y luego pregunta ¿cuando la nena crezca pensás trabajar? Sí contesta
ella y otra vez el ventrílocuo se apodera de su boca soy maestra. ¿Le
está mintiendo a su amiga o en serio lo piensa? Está muy confundida.
Angustiada. Me tengo que ir informa. Seguro que te aburrí con mi
cháchara. Para nada, Laura, me hace bien escucharte. Yo me quedo un ratito más,
quiero que Tincho tome sol. Ella se incorpora, la besa y acaricia la
cabecita del nene. Nos estamos viendo dice y, empujando el cochecito, se
aleja.
Mamá me pasó a buscar por
la escuela para ir a tomar el té en casa de Juan Bautista. Vinimos a ver los
regalos de casamiento y todo lo que se trajeron de Europa. Yo justo había
quedado en ir a la biblioteca a terminar el trabajo de historia. Graciana,
mientras nos sirve jugo, comenta: el lunes se me acaba la licencia, tendré que
regresar a la oficina. ¿Para qué?, es la pregunta de mamá. Graciana la mira,
parece desconcertada. Es mi trabajo, contesta. Ya no lo precisás, Graciana,
Juan Bautista gana más que suficiente; quizá tus padres no podían mantenerte,
pero mi hijo sí. ¿Y qué voy a hacer yo dentro de mi casa?, para algo estudié.
Estudiaste para ser culta y de paso conociste a mi hijo en la facultad. Me voy
a aburrir. Mamá echa la cabeza hacia atrás y ríe. ¿Aburrirte?, te aseguro que
yo nunca tuve tiempo de aburrirme; cinco hijos y acompañar a Esteban en sus
actividades no fue empresa sencilla. Graciana me mira. Yo bajo la vista. A mí
me gusta trabajar, dice al fin. Seguramente Juan Bautista encontrará actividad
para vos en el estudio, propone mamá. Gracias por sus consejos, Rosario, los
tendré en cuenta para más adelante; en principio, el lunes me reincorporo. De
acuerdo, cuando quedes embarazada lo charlaremos nuevamente. No está en mis
planes inmediatos, le aclara Graciana. El hombre propone… dice mamá y luego
pide: ¿me servirías más té? La envidio a Graciana, ella puede frenarla a mamá.
A mí, me aplasta.
Rosario se mete en la vida de todos. Su pensamiento es el único válido y se pone de ejemplo siempre. Insoportable!
ResponderBorrarPero esta nuera le para el carro
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