lunes, 1 de diciembre de 2025

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Ya llegué le escribe Benjamín ¿estás disponible? Para vos siempre contesta ella. ¿Me invitás a almorzar? pregunta su hermano. Obvio. Estaré alrededor de la una. Ella se dirige a la cocina y abre la heladera. Teresa dejó un lomo de cerdo a la naranja que ella destinaba para la cena, pero rápidamente decide que el agasajado será Benja. Está contenta. Tantas ganas de ver a su hermano. Mientras prepara un puré Chef piensa en qué le pondrá a la nena. ¿El vestidito que le trajo Graciana? Quiere lucirla. Ya le dio de mamar y la está cambiando cuando suena el timbre. Levanta a su hija a medio vestir y acude a atender. Benjamín envuelve a ambas en un apretado abrazo. La nena protesta. Él la alza sin consulta previa. Ema lo mira frunciendo las cejas. ¿Así recibís a tu tío favorito? exclama Benja, sonriéndole. La chiquita va aflojando el gesto hasta que surge una tímida sonrisa. Me la morfo. Sonrisa que se torna franca al tiempo que Benja la levanta en el aire y la agita. ¡Con cuidado! pide ella, luego la sustrae y dice acompañame que termino de vestirla. Regresan con la nena emperifollada en brazos de Benja. Ella apoya la cacerola sobre la hornalla y enciende el fuego. Coloca el puré en el microondas. Selecciona la vajilla, la pone sobre una bandeja y está por llevarla al comedor cuando Benja dice mejor comamos acá. Ella distribuye los platos sobre la mesa de la cocina y saca las bebidas de la heladera. Listo dice minutos después. ¿Qué se supone que haga con esta señorita? pregunta su hermano. Ella, con la nena cargada, va a buscar el cochecito y allí la acuesta. Hija, por favor, dejanos comer tranquilos, es importante para mí. Porque sí, le habla, Pedro se ríe pero ella siente que la nena la entiende. Empuja el carrito hasta la cocina. Casi no te espero comenta Benja esto huele demasiado bien. En ella, emociones contradictorias. Quiere hablar y teme hablar. Como si recién al poner en palabras sus sentimientos, sus pensamientos, estos cobraran cabal existencia. Por eso hace preguntas que su hermano responde con entusiasmo. Porque sí, Benja está entusiasmado. Como Laura, evalúa ella. Ojalá pudieran transfundirme el entusiasmo, piensa. Pero no vine a hablar de mí dice Benja, levantando ambas palmas. Y ante el silencio de ella, pregunta ¿cómo estás con Pedro? Su hermano fue directo al grano, ¿cómo esperar algo diferente de él? No sé responde ella, bajando la vista. Benja le levanta el mentón con delicadeza. ¿Te ayudo a pensarlo? Después de unos instantes ella confiesa no es Pedro en sí, es toda mi vida; la presente y la pasada; y, lo que es peor, la visión de mi futura vida; soy una marioneta; desde que nací a merced de quién moviera mis hilos; quizá fui cambiando de titiriteros, pero siempre colgué de piolines manejados por otros; no me exculpo, todo lo contrario, seguramente me resultó más sencillo dejar que otros decidieran por mí que asumir la responsabilidad y los riesgos de mis propias decisiones. A medida que habla siente que la fibra que la constituye, durante años contenida en una madeja amorfa sostenida entre manos ajenas, empieza a convertirse en un ovillo compacto ahora sí sostenido por sus propias manos. Se produce un silencio denso, casi se puede escuchar el ruido de las neuronas trabajando. El pasado es inmodificable arranca Benjamin sin embargo, reflexionar sobre él nos permite descubrir por qué somos lo que somos, por qué nos pasa lo que nos pasa; es una plataforma de partida inamovible a partir de la cual sí podemos transformar nuestro presente; solo asumiendo nuestras falencias existe la posibilidad de repararlas; pero ojo, como dice mi analista, es muy tentador quedarnos atrapados en nuestro lugar de víctimas, de los otros pero sobre todo de nosotros mismos: el gran desafío es atreverse a abandonar el personaje que, aunque nos haya deparados más tristezas que alegrías, nos permitió sobrevivir. Benja calla y toma un vaso de agua. Así estoy dice ella al cabo de un rato. ¿Y qué pensar hacer para dejar de estar así? No sé por dónde empezar. Pareciera ser que el objetivo primordial es conseguir autonomía. Ella asiente con la cabeza. Más allá de la autonomía de pensamiento, que es lo que estás conquistando, hay un punto fundamental. Ella lo mira con intensidad. La autonomía económica. Me lo dijiste hace mucho, pero no supe escucharte. Él se encoge de hombros. Confío en que ahora sí. Estos últimos días no paro de pensar que soy una mantenida; me siento inútil de toda inutilidad dice mientras se agarra la cabeza con ambas manos. Es interesante comenta él te sentís inútil en el momento más productivo de tu historia; generaste una personita y la estás criando; lo extraño es que no te hayas cuestionado tu dependencia hasta este momento. ¡Es que Ema me despertó! exclama ella descubriéndose el rostro no sé cómo explicártelo. Muy bien dice él al tiempo que le aprieta ambas muñecas centrémonos en el presente; qué podemos hacer para ir perfilando un futuro sin cadenas. La frase la sacude. Si viniera de cualquier otro se sentiría ofendida y le saldría al cruce. Sin embargo, si hay alguien que la quiere bien, ese es Benja. No tiene ninguna duda. Ninguna idea de cómo arrancar, tampoco.  Lo primero es que consigas una fuente de ingresos dictamina su hermano y luego pregunta ¿ya pensaste en algo? Ella menea la cabeza. Sos maestra; habrá listados en jardines del estado donde puedas anotarte, escuelas privadas donde ofrecerte, contactos a los que se puede recurrir; recuerdo que una profesora te había ofrecido un puesto. ¿Y a Ema la rifo? No estoy pensando en mañana sino en un futuro, un futuro que no debiera ser lejano; un futuro próximo, diría yo; cuando consigas un trabajo ya resolverás qué hacer con la nena; no serás la primera mujer ni la última que encuentra quién le cuide a un bebé. Ella piensa en Laura, en Graciana, en Teresa. Tres soluciones diferentes para tres clases sociales diferentes. También piensa en Luján, en Micaela. Como si pudiera leer su mente Benja comenta no estaría mal que te dedicaras en exclusividad a tu hija si eso te hiciera feliz, es la decisión de muchas mujeres; sin embargo, en tu caso particular, si no me equivoco, el problema no es tu hija, el problema es tu marido, ese marido que, asociado a tu madre, a nuestra benemérita madre,  considera que le pertenecés; vos creés que no trabajás pero sí que trabajás, tu empleo consiste en ser una esposa perfecta, una anfitriona impecable  para sus prestigiosos clientes; una compañera bella y culta para cenas y salidas laborales; bah, lo que fue mamá para papá, con la gran diferencia de que mamá eligió voluntariamente ese rol y disfrutó al ejercerlo, en cambio a vos te fue adjudicado casi sin que te dieras cuenta, fuiste entrenada desde pequeña para ejercerlo; tenemos que reconocer que mamá hizo un trabajo excelente.. A medida que su hermano habla, ella se siente más y más pequeñita. De pronto la sacude una duda ¿Benjamín está hablando a su favor o dándole salida al rencor acumulado hacia su madre? ¿Otra vez soy un instrumento?, se plantea. Benja, no nos enredemos reacciona preciso que me ayudes a pensar en cómo salir de esta. Su hermano la suelta y dice tenés razón, volvamos al nudo; también podrías trabajar de otra cosa; veamos cuáles son las alternativas: trabajar en una escuela, emplearte en otro rubro o tener un emprendimiento, no hay más. ¿Otro rubro? pregunta ella, interesada. Sos una chica preparada, podrías ser administrativa en cualquier oficina. ¿Y quién me va a tomar si no tengo experiencia alguna? Decir que estoy en Rosario, no sabés lo bien que nos vendrías en el estudio; andamos a los tumbos con las secretarias; los Juanes seguramente podrían emplearte o recomendarte, pero no creo que quisieran enfrentarse con Pedro y, sobre todo, con mamá. Ema se queja. Ella se incorpora, acerca el cochecito y lo mece. La nena se tranquiliza. Estuvo Graciana le cuenta a su hermano me dejó sorprendida, creo que Juan Bautista y ella no son como el resto de la familia dice y luego le cuenta lo charlado. Ahí tenés una punta comenta Benja quizá Graciana te pueda dar una mano; he tenido poco trato con ella, pero siempre me pareció una mina inteligente, por algo nunca fue santo de devoción para mamá. Ella se fastidia. No podés decir dos oraciones sin traer al ruedo a mamá. ¡Es que me arruinó la infancia y la adolescencia! grita él. Ema se sobresalta y comienza a llorar. Perdón, sobrina pide Benja, alza a la nena y comienza a caminar meciéndola. ¿Preparo un café? ofrece ella. Minutos después se sientan nuevamente. Ema de parabienes en la falda de su tío. Lo más complicado será que Pedro me permita trabajar dice ella de pronto. ¿Te estás escuchando? pregunta Benja, irritado. Ella experimenta una súbita vergüenza. ¿No contemplás la posibilidad de empezar una terapia? propone su hermano. Ella está por decir Pedro no me va a dejar pero calla.

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