Ya
llegué le escribe Benjamín ¿estás disponible? Para vos
siempre contesta ella. ¿Me invitás a almorzar? pregunta su hermano. Obvio.
Estaré alrededor de la una. Ella se dirige a la cocina y abre la heladera. Teresa
dejó un lomo de cerdo a la naranja que ella destinaba para la cena, pero
rápidamente decide que el agasajado será Benja. Está contenta. Tantas ganas de
ver a su hermano. Mientras prepara un puré Chef piensa en qué le pondrá a la
nena. ¿El vestidito que le trajo Graciana? Quiere lucirla. Ya le dio de mamar y
la está cambiando cuando suena el timbre. Levanta a su hija a medio vestir y
acude a atender. Benjamín envuelve a ambas en un apretado abrazo. La nena
protesta. Él la alza sin consulta previa. Ema lo mira frunciendo las cejas. ¿Así
recibís a tu tío favorito? exclama Benja, sonriéndole. La chiquita va
aflojando el gesto hasta que surge una tímida sonrisa. Me la morfo. Sonrisa
que se torna franca al tiempo que Benja la levanta en el aire y la agita. ¡Con
cuidado! pide ella, luego la sustrae y dice acompañame que termino de
vestirla. Regresan con la nena emperifollada en brazos de Benja. Ella apoya
la cacerola sobre la hornalla y enciende el fuego. Coloca el puré en el
microondas. Selecciona la vajilla, la pone sobre una bandeja y está por
llevarla al comedor cuando Benja dice mejor comamos acá. Ella distribuye
los platos sobre la mesa de la cocina y saca las bebidas de la heladera. Listo
dice minutos después. ¿Qué se supone que haga con esta señorita?
pregunta su hermano. Ella, con la nena cargada, va a buscar el cochecito y allí
la acuesta. Hija, por favor, dejanos comer tranquilos, es importante para mí.
Porque sí, le habla, Pedro se ríe pero ella siente que la nena la entiende.
Empuja el carrito hasta la cocina. Casi no te espero comenta Benja esto
huele demasiado bien. En ella, emociones contradictorias. Quiere hablar y
teme hablar. Como si recién al poner en palabras sus sentimientos, sus pensamientos,
estos cobraran cabal existencia. Por eso hace preguntas que su hermano responde
con entusiasmo. Porque sí, Benja está entusiasmado. Como Laura, evalúa ella. Ojalá
pudieran transfundirme el entusiasmo, piensa. Pero no vine a hablar de mí
dice Benja, levantando ambas palmas. Y ante el silencio de ella, pregunta ¿cómo
estás con Pedro? Su hermano fue directo al grano, ¿cómo esperar algo
diferente de él? No sé responde ella, bajando la vista. Benja le levanta
el mentón con delicadeza. ¿Te ayudo a pensarlo? Después de unos
instantes ella confiesa no es Pedro en sí, es toda mi vida; la presente y la
pasada; y, lo que es peor, la visión de mi futura vida; soy una marioneta;
desde que nací a merced de quién moviera mis hilos; quizá fui cambiando de titiriteros,
pero siempre colgué de piolines manejados por otros; no me exculpo, todo lo
contrario, seguramente me resultó más sencillo dejar que otros decidieran por mí
que asumir la responsabilidad y los riesgos de mis propias decisiones. A
medida que habla siente que la fibra que la constituye, durante años contenida
en una madeja amorfa sostenida entre manos ajenas, empieza a convertirse en un
ovillo compacto ahora sí sostenido por sus propias manos. Se produce un
silencio denso, casi se puede escuchar el ruido de las neuronas trabajando. El
pasado es inmodificable arranca Benjamin sin embargo, reflexionar sobre
él nos permite descubrir por qué somos lo que somos, por qué nos pasa lo que
nos pasa; es una plataforma de partida inamovible a partir de la cual sí
podemos transformar nuestro presente; solo asumiendo nuestras falencias existe
la posibilidad de repararlas; pero ojo, como dice mi analista, es muy tentador quedarnos
atrapados en nuestro lugar de víctimas, de los otros pero sobre todo de nosotros
mismos: el gran desafío es atreverse a abandonar el personaje que, aunque nos
haya deparados más tristezas que alegrías, nos permitió sobrevivir. Benja
calla y toma un vaso de agua. Así estoy dice ella al cabo de un rato. ¿Y
qué pensar hacer para dejar de estar así? No sé por dónde empezar. Pareciera ser
que el objetivo primordial es conseguir autonomía. Ella asiente con la
cabeza. Más allá de la autonomía de pensamiento, que es lo que estás
conquistando, hay un punto fundamental. Ella lo mira con intensidad. La
autonomía económica. Me lo dijiste hace mucho, pero no supe escucharte. Él
se encoge de hombros. Confío en que ahora sí. Estos últimos días no paro de
pensar que soy una mantenida; me siento inútil de toda inutilidad dice
mientras se agarra la cabeza con ambas manos. Es interesante comenta él te
sentís inútil en el momento más productivo de tu historia; generaste una
personita y la estás criando; lo extraño es que no te hayas cuestionado tu
dependencia hasta este momento. ¡Es que Ema me despertó! exclama ella
descubriéndose el rostro no sé cómo explicártelo. Muy bien dice él al
tiempo que le aprieta ambas muñecas centrémonos en el presente; qué podemos
hacer para ir perfilando un futuro sin cadenas. La frase la sacude. Si
viniera de cualquier otro se sentiría ofendida y le saldría al cruce. Sin
embargo, si hay alguien que la quiere bien, ese es Benja. No tiene ninguna
duda. Ninguna idea de cómo arrancar, tampoco.
Lo primero es que consigas una fuente de ingresos dictamina su
hermano y luego pregunta ¿ya pensaste en algo? Ella menea la cabeza. Sos
maestra; habrá listados en jardines del estado donde puedas anotarte, escuelas
privadas donde ofrecerte, contactos a los que se puede recurrir; recuerdo que
una profesora te había ofrecido un puesto. ¿Y a Ema la rifo? No estoy pensando
en mañana sino en un futuro, un futuro que no debiera ser lejano; un futuro
próximo, diría yo; cuando consigas un trabajo ya resolverás qué hacer con la
nena; no serás la primera mujer ni la última que encuentra quién le cuide a un
bebé. Ella piensa en Laura, en Graciana, en Teresa. Tres soluciones
diferentes para tres clases sociales diferentes. También piensa en Luján, en
Micaela. Como si pudiera leer su mente Benja comenta no estaría mal que te
dedicaras en exclusividad a tu hija si eso te hiciera feliz, es la decisión de
muchas mujeres; sin embargo, en tu caso particular, si no me equivoco, el
problema no es tu hija, el problema es tu marido, ese marido que, asociado a tu
madre, a nuestra benemérita madre, considera
que le pertenecés; vos creés que no trabajás pero sí que trabajás, tu empleo
consiste en ser una esposa perfecta, una anfitriona impecable para sus prestigiosos clientes; una compañera
bella y culta para cenas y salidas laborales; bah, lo que fue mamá para papá,
con la gran diferencia de que mamá eligió voluntariamente ese rol y disfrutó al
ejercerlo, en cambio a vos te fue adjudicado casi sin que te dieras cuenta,
fuiste entrenada desde pequeña para ejercerlo; tenemos que reconocer que mamá hizo
un trabajo excelente.. A medida que su hermano habla, ella se siente más y
más pequeñita. De pronto la sacude una duda ¿Benjamín está hablando a su favor
o dándole salida al rencor acumulado hacia su madre? ¿Otra vez soy un
instrumento?, se plantea. Benja, no nos enredemos reacciona preciso
que me ayudes a pensar en cómo salir de esta. Su hermano la suelta y dice tenés
razón, volvamos al nudo; también podrías trabajar de otra cosa; veamos cuáles
son las alternativas: trabajar en una escuela, emplearte en otro rubro o tener
un emprendimiento, no hay más. ¿Otro rubro? pregunta ella, interesada. Sos
una chica preparada, podrías ser administrativa en cualquier oficina. ¿Y quién
me va a tomar si no tengo experiencia alguna? Decir que estoy en Rosario, no
sabés lo bien que nos vendrías en el estudio; andamos a los tumbos con las
secretarias; los Juanes seguramente podrían emplearte o recomendarte, pero no
creo que quisieran enfrentarse con Pedro y, sobre todo, con mamá. Ema se
queja. Ella se incorpora, acerca el cochecito y lo mece. La nena se
tranquiliza. Estuvo Graciana le cuenta a su hermano me dejó
sorprendida, creo que Juan Bautista y ella no son como el resto de la
familia dice y luego le cuenta lo charlado. Ahí tenés una punta
comenta Benja quizá Graciana te pueda dar una mano; he tenido poco trato con
ella, pero siempre me pareció una mina inteligente, por algo nunca fue santo de
devoción para mamá. Ella se fastidia. No podés decir dos oraciones sin
traer al ruedo a mamá. ¡Es que me arruinó la infancia y la adolescencia!
grita él. Ema se sobresalta y comienza a llorar. Perdón, sobrina pide
Benja, alza a la nena y comienza a caminar meciéndola. ¿Preparo un café?
ofrece ella. Minutos después se sientan nuevamente. Ema de parabienes en la
falda de su tío. Lo más complicado será que Pedro me permita trabajar
dice ella de pronto. ¿Te estás escuchando? pregunta Benja, irritado.
Ella experimenta una súbita vergüenza. ¿No contemplás la posibilidad de
empezar una terapia? propone su hermano. Ella está por decir Pedro no me
va a dejar pero calla.
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