miércoles, 3 de diciembre de 2025

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La profesora de psicología nos contó sobre el psicoanálisis. Freud, Lacan. Me parece fascinante. Siempre sentí que hay algo que no está bien en mí. No soy como las demás chicas. Leticia siempre dice que me falta pila. La mayor parte del tiempo estoy triste. Sé que no tengo motivos, todo parece estar bien en mi vida, pero yo me siento hueca, vacía. Vieja. Sí, soy una adolescente vieja. A veces me da miedo porque siento que no tiene sentido seguir. La profesora habló de la cura a través de la palabra, se trata exclusivamente de hablar. Entonces me quedé pensando en que yo nunca pude hablar de lo que de veras me pasa, cómo si todos me ven como una chica sin problemas que no da problemas. Me parece que Leticia es la única que me percibe de verdad. Benja a veces me pregunta si estoy bien. Yo le digo que sí porque no lo quiero preocupar, ya bastante tiene él con lo suyo y con su enfrentamiento constante con mamá. Pero yo no estoy bien. Estoy cada vez peor. Hoy me costó levantarme. Por eso estoy esperando que mamá venga del té canasta, dijo que a las seis. Me asomo a la ventana para poder agarrarla antes de que se ponga a organizar la cena con Rosaura. Ahí se acerca un taxi. Sí, es ella. bajo las escaleras corriendo y le abro la puerta. Necesito hablar con vos, le digo para no arrepentirme. Me mira sorprendida. ¿Pasó algo? Niego con la cabeza. Acompañame a mi cuarto y charlamos mientras me cambio, propone. Cuelga el tapado en el placard, se saca los tacos altos y se pone mocasines. Me estaban matando, dice y luego me pregunta ¿qué querías decirme? Trago saliva, junto fuerzas y digo: quiero hacer terapia. ¡¿Qué?!, exclama. No me siento bien y la profesora de psicología nos contó que hay un tratamiento que me puede ayudar. Mamá se sienta. Lo único que falta es que en la escuela te llenen la cabeza de pajaritos; a ver, ¿qué es lo que te pasa? Estoy triste, digo. Mamá se para y comienza a caminar. Claro, la princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?, se burla, se ve que no tenés problemas serios, triste, estarás aburrida; a lo mejor si te pones a hacer algo por los demás se te pasa; andá hablar con el padre Mario, contale y seguramente va a encontrar alguna tarea en la parroquia en la que puedas ayudar; en mi tiempo cuando uno estaba confundido hablaba con el cura no con un loquero; escúchame, Paz, en esta familia, nadie necesita un psicólogo porque nadie está loco, arreglamos nuestros problemas entre nosotros, así que si te ronda alguna preocupación no tenés más que contármela a mí que soy tu madre, ¿quién podría conocerte y entenderte mejor? Yo lo único que quiero es irme. Me maldigo mil veces por haberle dicho algo, en qué cabeza cabe. Está bien, mamá, digo. Vení, dame un beso, pide, ahora me voy a la cocina, pero cuando quieras charlamos con tiempo y me contás qué te está pasando, ¿de acuerdo? Me acerco y le doy un beso. Gracias, mamá, digo. Y salgo. A lo mejor mamá tiene razón y pronto se me va a pasar. A lo mejor.

 

 

Me voy porque tengo una cita en un estudio informa Benjamín mientras busca su abrigo no me di cuenta de la hora. ¿Le cuento a mamá que estuviste?  pregunta ella al darle un beso porque su madre acaba de decirle que en un rato pasará a ver a la nena y ella no encontró cómo negarse. Hacé lo que quieras, igual pienso llamarla la mira y con sorna dice es mi madre, ¿no?, estará deseosa de verme. Ella lava las tazas del café y ordena el living. Mamá se fija en todo, piensa. Y acierta porque cuando media hora después aparece su madre, ni bien ve a la nena comenta ¿y este vestidito? Se lo regaló Graciana, informa ella y percibe como su mamá levanta las cejas e inclina levemente la cabeza. ¿Vino? pregunta su madre. Sí, la semana pasada. Qué raro ella haciendo visitas familiares. Paz lo deja pasar, no quiere escucharla hablar sobre su cuñada. Hoy tuve otra visita opta por comunicar. ¿Quién? Tu hijo menor. Hijo que no se ha dignado llamar a su madre. Me dijo que se iba a comunicar con vos. Su madre ladea la boca. También podés llamarlo vos dice ella. Su madre la mira con fijeza. Es él quien se fue a Rosario. Ella siente algo espeso que trepa por su laringe pugnando por salir. Inspira y se dice: mejor no. ¿Por qué no?, piensa después, ¿hasta cuándo no? Ese algo espeso logra franquear su garganta. ¿Nunca te preguntaste por qué tuvo que irse? Ahora es de sorpresa la expresión de su madre. De alerta, precisa. Consiguió un buen trabajo. Como una fiera que huele sangre, ella comprende que no largará su presa. Quizá se te olvidó que el trabajo que tenía aquí era mucho mejor. Su madre le da la espalda y se dirige hacia el cochecito de Ema. Ella la agarra del brazo con fuerza y la hace girar. ¡Se fue porque ya no aguantaba que lo hubieras borrado de tu vida! grita. ¡Qué disparates estás diciendo! ¡El disparate es que nunca hayas podido admitir que tu hijo es homosexual! Benjamín no es así, está confundido, ya se le va a pasar dice su madre intentando liberarse del contacto. Ella aumenta la presión. No, mamá, Benja es gay, mal que te pese, hace años que vive con Fabián; se quieren. La madre da un tirón y se libera. Se tapa ambos oídos con las manos. Es tu hijo, mamá, no lo podés abandonar; yo sé bien cuánto ha sufrido por tu desamor desde que es chico. La madre se deja caer en el sillón y ahora se cubre el rostro. No es desamor, a los hijos no se los desama, ya lo sabrás con Ema; es que no lo puedo soportar; me cortaría una mano para que cambiara dice entre lágrimas.  Ella la mira estupefacta: nunca vio llorar a su madre. Se sienta a su lado. Benja no va a cambiar; sos vos la que tenés que cambiar tu actitud. Ema llora. Ella se levanta, se acerca al carrito y la alza. Cuando regresa, su madre ya se incorporó. Me voy informa mientras busca su cartera. Ella le abre la puerta. Su madre sale sin saludarlas. Trastabilla antes de llegar al ascensor. Ella cierra.

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