Duda ante el armarito abierto, pero finalmente se decide por el vestidito que le regaló Graciana. Ella se pondrá el jean negro, ya se lo probó y, aunque un poco ajustado, le entra. Y la blusa gris perla que le trajo su madre de Miami. Prepara el bolso. Ante el primer quejido de la nena la amamanta. Ema ya succiona bien. Casi siempre bien. No demora tanto. La cambia y la viste. La deja en la cuna mientras ella se arregla. Hasta se pinta los labios. La alza, la pone en el cochecito y cuelga el bolso de la manija. Agarra el abrigo y la cartera. Sale. Ya en la calle, duda. ¿Dónde le convendrá esperar un taxi? Se dirige hacia Cabildo cuando ve a uno. Lo para. Tendrá que poner en práctica lo que ejercitó varias veces a la mañana. Deja el bolso en el piso y, con la cartera colgada del cuello, alza a Ema e intenta plegar el cochecito. No lo logra. La palanca no responde. Transpira. La nena comienza a llorar. Una señora que pasa a su lado acude en su auxilio. Entre las dos logran meter el carrito en el auto. Se sienta. Busca el chupete en el bolso y logra calmar a la beba y darle las instrucciones al chofer. Calculó que hasta Vicente López tendría unos buenos quince minutos. Pero el tránsito está infernal. Mira el reloj. Busca el celular y le avisa a Graciana que está demorada. No te preocupes, con los chicos es difícil calcular los tiempos. La nena se queda dormida en el trayecto. Ella está nerviosa imaginando cómo se va a arreglar para descender. Me hubiera quedado en casa, piensa, demasiado estrés. Cuando se acercan llama de nuevo. Estoy llegando, ¿podrías ayudarme? Soy una idiota, piensa. Inútil. Ya salgo es la respuesta. El auto se detiene. Ella paga. Graciana no está. Pone la mano en la manija, nerviosa. Baja con Ema cargada. Está evaluando qué hacer cuando aparece su cuñada. Dame a la beba indica. Ella, con infinito alivio la entrega y logra agarrar cartera, bolsa y carrito. Pedro tenía razón, determina, de nuevo transpirada, demasiado para mí. Es infernal salir con bebés, ¿viste? comenta Graciana mientras avanzan ni quiero acordarme. La mujer anónima, su cuñada: solidaridad femenina. A lo mejor no estoy tan sola, piensa.
Vamosssssss Paz!!!!
ResponderBorrarYa salió del cascarón!
BorrarUn pico mas de actitud y lo logra.
ResponderBorrarPaso a paso está despegando
ResponderBorrarComo me gusta la actitud de Paz.
ResponderBorrarPoco a poco se va animando.
Y cuando se empieza ya no se detiene
BorrarIncreíble como ese marido se empeña en anularla como madre, esposa, persona.
ResponderBorrarDe a poco, está despertando.
ResponderBorrarSí, con La Bella Duemiente
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