Notables los juegos de la mente. Los recuerdos están en su escondite esperando que una palabra, un sonido, un olor, les abran la puerta para que puedan escapar. Se plantea, ahora, cómo nunca le llamó la atención que no hubiera fotos de su abuelo materno en la casa. Si muchos portarretratos de los otros tres abuelos. Su madre nunca le contaba cosas de su infancia. Lo poco que sabe fue a través de la abuela, porque no tiene tíos, su madre hija única. Pobre mamá, piensa, qué carga para una nena tamaño secreto. ¿Cuántas otras cosas desconozco sobre ella?, se plantea. Recuerda el llanto de su madre y se siente culpable, un nudo en el estómago. Hasta que el rostro de su hermano ocupa su pantalla interna. Pobre Benja, piensa ahora y se plantea si le transmitirá lo que su madre acaba de confesarle. ¡Prometeme que no se lo vas a contar a nadie! le pidió su madre y ella no puede traicionarla. Tiempo al tiempo, se dice y se acuerda de que tiene que comprar cartulina para la actividad prevista para el viernes. Será en la casa de Pancho. Nuevo ámbito, nuevo desafío. Por suerte la mamá le cae muy bien. Es la más simpática. Y Panchito, comestible.
Transcurrió la primera semana. Expectativas ampliamente superadas. Pudo con los nenes, pudo con las madres. Ema solo el miércoles requirió mamadera. Le contó Teresa que le costó que la agarrara. Un par de chupadas y luego dio vuelta la cara. Pero enseguida se quedó dormida. En brazos de la señora Rosario le comentó Teresa cuando está ella la nena no quiere saber nada conmigo. Es cierto. La nena sigue mucho a su abuela. Antes a ella le daba rabia. ¿O celos? Ahora es un alivio. Una tranquilidad. Su madre la cuida bien, de eso no tiene dudas.
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