Teresa insistió en venir el 24 a la mañana para ayudarla, pero ella no lo permitió. Pesadilla trasladarse en esa fecha. Además del aguinaldo, le pagó un extra por la dedicación con que cuidó a la nena. Mil gracias, señora Paz, para mí fue un gusto; le compraré la entrada para el recital a mi hija, me tiene loca, todas las amigas van. ¿Y cómo regresará después? preguntó ella preocupada, tamaño viaje a la noche. Se quedan a dormir en lo de la abuela de una que vive en Once. La semana pasada le dejó el peceto hervido y cortado en el freezer e instrucciones para preparar la salsa, salsa que ella ya hizo. Solo le resta armar dos ensaladas. Benjamín se encargará del helado. Ella compró cerezas. Ahora está poniendo la mesa como aprendió a hacerlo a la vera de su madre. Se aparta y observa su ¿producto? Satisfecha, solo corrige la posición de los posacubiertos, desplazándolos levemente hacia la derecha. La cena de nochebuena transcurrió en relativa armonía. Con tantos niños dando vuelta más no se pudo pedir. Bruno hizo un berrinche a la hora de abrir los regalos. Su madre le comento en voz baja es que Graciana no sabe ponerle límites a lo que ella contestó es una criatura, mamá, no un soldadito como éramos nosotros. Su madre le lanzó una mirada de fuego a la que ella hizo caso omiso. Ema pasó de brazo en brazo y fue vehementemente alabada. Su presentación en sociedad. El vestidito blanco de punto smock, los zapatitos de badana, las medias con puntilla. Una muñequita. La hizo quedar muy bien porque se portó de diez. Ella se tuvo que levantar de la mesa solo una vez para amamantarla y luego consiguió que se durmiera en el cochecito. Por primera vez ella miró con atención a cada uno de sus sobrinos. Charló bastante con las nenas de Luján. Bah, de Juan Cruz que, ella lo estuvo obervando, se dedicó a conversar con su padre, con Pedro y con Juan Mateo y no ayudó en lo más mínimo a Luján que, entre supervisar a las nenas y ocuparse de la comida, no paró un instante. Su madre la ayudó mucho, tiene que reconocer. Ella, ahora, está cansada antes de empezar y sus invitados solo son cuatro. No sabe cómo ubicarlos. Su madre siempre ponía tarjetitas frente a cada plato. Ella ya las compró pero no encuentra manera de evitar tensiones. Finalmente, decide que cada uno se ubique a su antojo. La responsabilidad de las incomodidades no será de ella que sí se ubicará en la cabecera más próxima a la puerta para poder atender con más prontitud a la nena. Está nerviosa. Muy nerviosa. Descuenta que su padre y Fabián estarán distendidos. Confía en que Pedro conservará perfil bajo. Dios la ayude con su madre y su hermano. Tengamos las fiestas en paz. Paz y paz. Aunque ella ya está cansada de inmolarse para evitar conflictos.
A veces uno naturaliza el inmolarse para evitar conflictos…
ResponderBorrarPero eso tiene mucho costo emocional
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