En cuanto se despierta, la llama a Teresa. Recién a la tercera vez la atiende. Está viva, gracias a Dios está viva, vi tantos chicos muertos, señora Paz; estamos en el hospital, le están dando oxígeno pero está bien, me dijeron que en una horas le darán el alta. Un alivio inmenso le afloja los músculos. ¿Precisa algo? No, gracias, señora. ¿Seguro? Silencio. ¿Cómo van a trasladarse hasta Laferrere? Como siempre, por suerte la derivaron al Pirovano. ¿Por qué no se toma un remis? La plata que tenía la gasté para venir. Ni un instante de duda. Yo le alcanzaré el dinero informa. No se moleste, señora. La llamo de nuevo cuando esté cerca dice y corta. Corta con el corazón galopando. ¿Cómo va a hacer? Está en camisón. Entra de puntillas al dormitorio y busca su cartera. Regresa al living y revisa su billetera. No, no es suficiente. Tiene dos problemas: conseguir el dinero y ver qué hace con Ema. ¿Pedro o su madre? Mira el reloj: recién son las seis. Va a la cocina y se prepara un café. Tiene el cerebro atascado, precisa pensar. Lo está tomando cuando escucha a Ema. La va a buscar. Se sienta en la mecedora del cuarto de la beba y la amamanta. Luego la cambia y la viste, mientras la nena la premia con sonrisas y gorjeos. Pero ella no está de humor. Puedo ir con la nena, se dice. Recuerda la frase de Graciana: ¡Se toma un taxi!, tener una hija no la convierte en una discapacitada. Le resta conseguir el dinero. Deja a la nena en la cuna y se dirige a su cuarto. El discreto ronquido de Pedro. En él todo es educado, piensa. Si lo despierta se pondrá de mal humor. Ve colgado en el perchero el saco. Lo agarra con precaución. Sale en puntas de pie. Lleva su presa al living. Busca la billetera. Sí, tiene mucho dinero, por supuesto. Toma unos cuantos billetes y está devolviendo la billetera al bolsillo cuando algo roza su mano. Instintivamente lo saca. Es una tarjeta de color rosa. Crámer Plaza Hotel. 50% de descuento en su próxima visita, Suite Platino. Validez de un mes. 30/12/2004. El corazón se le detiene. Regresa la tarjeta a su lugar y se deja caer en el sillón. Ahora no tengo tiempo para pensar en esto, se dice. Se viste y carga a su hija y la mochilita con sus cosas. Está por dejarle una nota a Pedro, pero se arrepiente. Que cuando se despierte descubra solo que no están.
Ojalá esa tarjeta sea la “excusa “ para dejarlo!
ResponderBorrarA veces lo malo redunda en beneficios...
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