Paz
Blaquier escucha y detecta que en este ámbito su propio
apellido no existe. ¿Solo en este ámbito?, ¿ella existe? Vamos, Paz la
urge Pedro, apretándole el brazo. Impaciencia en su voz. Ella se incorpora con
la beba en brazos. Dámela exige su madre. Ella no quería que viniera
pero Pedro insistió y ella sabe que es inútil oponerse a los dos. Entrega a la
nena y entra al consultorio. Salcedo, luego de los saludos de rigor, le indica
que vaya a cambiarse. Ella obedece. Mientras se pone la bata escucha que los
hombres cuchichean. Ríen. Se acuesta en la camilla, en la salita adjunta. El
doctor entra y Pedro tras él. Posición ginecológica. Es humillante, piensa, no
quiero que me vea así, no hay motivo para que me vea así. No hay motivos pero
él entró. Supervisa, decide ella. Salcedo la revisa. La cicatriz está
perfecta y los genitales como si nada hubiera pasado, ventaja de la cesárea. Los
hombres se retiran y ella se viste. Ya sentada frente al escritorio, el
obstetra escribe en su ficha. Alta completa dictamina. ¿O sea?
pregunta Pedro. Ya pueden reanudar la vida sexual contesta el hombre sonriendo.
¡Era hora! exclama Pedro. Paz siente que los ojos se le llenan de
lágrimas. Se los restriega. Cuando salen
la madre pregunta. ¿Qué les dijo Salcedo? A ella le da fastidio ese
“les”. Es ella la que parió. Fue una cesárea pero igual parí, se dice. Vía
libre contesta Pedro. La madre le giña un ojo. Quisiera matarlos, piensa
ella, quiero matarlos. Se apresura a recuperar a la nena. Dejala indica
la madre está dormida. Ella la desestima e intenta agarrarla. Tu
madre tiene razón dictamina Pedro salgamos. Paz percibe la mirada de
la secretaria y se avergüenza. Entonces se dirige a la puerta, sale y avanza
rápido por el pasillo hacia el ascensor. Ellos detrás. Los escucha charlar,
reír. Vuelven a amenazar las lágrimas. Aprieta los puños, tanto que se clava
las uñas. Le duele. Le duele pero así logra contener el llanto. Cómo
explicarlo.
La madre insiste en bañar a Ema y
ella está demasiado cansada para oponerse. Pedro, luego de que la nena se haya
quedado dormida, invita a su suegra a cenar. No puedo, me esperan en la casa
de Juan Mateo. Por suerte, piensa ella y se dirige al baño mientras Pedro
baja a abrirle. Se da una larga ducha y se pone el camisón. Pasa por el cuarto
de la nena. Duerme. Le roza la carita y sale, dejando la puerta abierta. Va
hacia su dormitorio y se acuesta. El velador encendido. Dormita cuando escucha
el ruido de la puerta del cuarto de la nena cerrándose. Pedro entra con solo
una toalla alrededor de la cintura. La deja caer antes de meterse en la cama.
La oprime desde atrás. Ella percibe su erección. Estoy fundida dice sin
mirarlo. No te preocupes aclara él con la calentura que tengo no me
va a llevar más de cinco minutos. Ella quisiera oponerse. Ella debiera
oponerse. Es mi cuerpo, piensa. Pero Pedro ya la giró hacia él y, sin
preámbulos, la penetra. A ella le duele todo. Me duele el alma, decide, pero lo
deja hacer mientras las lágrimas resbalan por sus mejillas. La nena comienza a
llorar. Ella intenta incorporarse, pero él la traba con las rodillas e
intensifica su ritmo. Los alaridos de la beba. Él acaba y la libera. Ella se
pone el camisón y corre hacia el cuarto de su hija. La alza. La carita colorada
de tanto llorar. La respiración acongojada. Ella se sienta y le ofrece el
pecho. La nena se prende al instante. Ahora
es ella quien solloza. Logra dormir a la nena y va al baño. Precisa ducharse.
Cuando regresa a la cama, él la abraza. Ya estamos juntos como antes
dice. Pero ella sabe que nada volverá a ser como antes.
Sin palabras 😔
ResponderBorrarTanta violencia no visible reciben muchas mujeres
BorrarImposible comentar ante tanta atrocidad…
ResponderBorrarHay muchos tipos de violencia y de abusos. Físicos y emocionales
BorrarQué vida! Ese marido, por Dios!! Desesperante todo. Ella, como anestesiada.
ResponderBorrarLa madre la convirtió en presa fácil para cualquiera
Borrar