lunes, 27 de octubre de 2025

19

 



Mira el reloj: las ocho. Se levanta como un resorte y corre al cuarto de la nena. Duerme. ¡Durmió toda la noche! Increíble. La observa. Las mejillas sonrosadas, ya redonditas. Yo la alimento murmura puedo. Va hasta el living. Pedro ya se fue. Ni me saludó, piensa, preocupada. Se dirige a la cocina. Tiene hambre, qué raro, no suele tener apetito. Abre la heladera y descubre las empanadas que sobraron de ayer. ¿Por qué no? A su madre le agarraría un ataque de solo imaginar un desayuno tan poco apropiado. Sonríe sola. Coloca una en el hornito eléctrico y se prepara un café. No lo aconsejan cuando se amamanta, pero hoy está dispuesta a darse todos los gustos. Me lo merezco, piensa. Está por la mitad de la taza cuando se despierta la beba. Va a buscarla. Se sienta junto a la mesa y le ofrece el pecho mientras ella come la empanada. Hoy desayunamos juntas, Emita dice. Suena el celular. Pedro. ¿Cómo está la nena? Lo más bien, durmió toda la noche cuenta, orgullosa. Calculo que regresaré seis y media, siete; esperame para bañarla; les mando un beso a las dos. No se enojó, piensa ella, lo rechacé y no se enojó. Está muy sorprendida. Gratamente sorprendida. La nena suelta el pezón. Ella le sonríe. Su hija, por primera vez, le devuelve la sonrisa. Ella siente que los huesos se le ablandan.

 

Está de buen humor, la sonrisa de su hija la devolvió a la vida. ¿Qué puedo hacer?, piensa, ,¿saco a pasear a la nena?, ¿la llevo al parque?, ¿y si me siento a tomar un café?, ¿y si se pone a llorar en la confitería?, mejor el parque, pero hay un poco de viento. Le cuesta tanto decidirse. Quizá porque sus decisiones fueron siempre invalidadas.

 

Hoy en la escuela me hicieron un test vocacional. Igual ya lo sé, yo quiero ser médica. Desde chiquita quiero ser médica. Biología es mi materia favorita. Me encanta ir al laboratorio y hacer experimentos, entender cómo respiramos, ver cómo es un corazón por dentro. Mi serie favorita es Doctor House. Todo esto le conté a la mujer que me hizo la prueba. Estoy ansiosa porque me den el resultado. Fabiana también quiere ser médica. Ella quiere estudiar en la Universidad del Salvador pero yo quiero ir a la UBA. Mariano también va a ir a la UBA, pero él a Ingeniería. Es una flecha en matemáticas. Fabiana quiere ser pediatra pero yo no, mucho no me interesan los chicos, a mí me gusta la cabeza, quiero ser neuróloga o psiquiatra tal vez, todavía no lo sé, a lo mejor el test me ayuda a elegir la especialidad, aunque todavía faltan años para eso. La mujer me preguntó muchísimas cosas y tuve que hacer dibujos. Un amor la mujer. Se ve que sabe hablar con los adolescentes. Nos entiende. Ella sí.

 

Golpeo la puerta del cuarto de mamá. Pasa, dice. Me dieron el resultado del test, le cuento. Ah, ¿sí?, yo no estaba de acuerdo con que lo hicieras, pero la escuela insistió, comenta, pero no me pregunta nada. Me dijeron que sí, que sirvo para Medicina, que yo tenía razón; parece que también hablaron con los profesores y que todos piensan que soy justo para esa carrera. Mirá vos, dice mamá levantando las cejas y enseguida me doy cuenta de que empezamos mal. Medicina, ¿será la carrera más adecuada para vos?, ¿será la carrera más adecuada para una mujer?; parece difícil que puedas compatibilizar ser esposa y ser madre, pero ser una buena madre, claro; tanto tiempo fuera de casa, llamadas a cualquier hora, traer bacterias al hogar; además, te pusiste a pensar vos que sos tan sensible, tener que ver morir a tus pacientes, qué cuando les tengas que  avisar a los familiares que no hay cura o, peor aún, que su familiar ha muerto como consecuencia de un error tuyo, por algo que no hiciste, que no contemplaste y aunque no se lo confieses vos lo sabés; después vos que, insisto, sos tan sensible tendrás que vivir con esa culpa; vuelvo a decirte, Paz querida, no es una carrera para una muchacha como vos; deberías contemplar otras profesiones, el magisterio por ejemplo; ser maestra sí que es compatible con una vida ordenada; y, aunque no trabajaras luego, porque probablemente tu marido podrá mantenerte, todo lo que aprendas podrá ayudarte para criar a tus propios hijos; es una carrera corta, además; medicina insume como diez años: mirá a tu primo Alfredo, se recibió casi de treinta y aún sigue estudiando. Hace una pausa me mira y dice: prometeme que lo vas a pensar, hija, me oprime el brazo y sale. Me quedo confundida. Muchas cosas que no pensé. No pensé tampoco si quiero tener hijos, casarme. Me dan ganas de llorar. ¡Está la cena!, avisa mamá. Voy al baño a lavarme la cara. A mamá no le gusta que la hagamos esperar. ¡Se enfría!, grita. Bajo la escalera corriendo.

 

Papá y los Juanes están sentados alrededor de la mesa, los viernes siempre  vienen a cenar. ¿Y Benja? pregunto. Otra vez no avisó, contesta mamá retirando un plato. Y luego me mira y me dice te hice tortilla de papas, con cebolla como a vos te gusta. Agarro el plato que me tiende. Gracias, mamá, digo y me vuelven las lágrimas a los ojos. Trato de controlarlas. Recorro con la mirada la mesa. Mis padres, mis hermanos. Esto es una familia, pienso. Las lágrimas se deslizan. Me seco con la servilleta. Por suerte nadie se dio cuenta.

 

6 comentarios:

  1. Esa madre es de lo peor manipuladora, egoísta, no la soporto

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  2. Lo peor es que existen madres así en la vida real

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  3. Tremendo que la madre para convencerla le plantee un posible error como profesional. Todo negro le pinta. Compite, no quiere que la supere.

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