Su
madre llega, paquetito en mano. ¿Té o café? pregunta ella. Té contesta
la madre ya son las cinco. Ella sonríe, sus ritos. ¿De qué te reís?
De nada, mamá. ¿La nena? Duerme, duerme desde las dos; está haciendo tirones
largos. Ya sentadas en el sillón del living la madre pregunta ¿qué
querías decirme? Te tengo que pedir un favor arranca ella, palmerita en
mano. Por supuesto. Necesito que Teresa venga tres veces por semana dice
ella. ¿La nena te está dando mucho trabajo? No, no es eso; cada vez me
arreglo mejor. ¿Entonces? Ella inspira hondo. Quiero empezar a trabajar
dice de un tirón. La madre deposita la taza sobre la mesita baja. Arquea las
cejas y pregunta ¿para qué? A ella le sobreviene un súbito cansancio,
sin embargo, replica ¿cómo que para qué?; se supone que los seres adultos
trabajan. Cuando lo precisan dictamina su madre y a menos que me haya
perdido algo, tu marido puede mantenerte con holgura; cada vez tienen más
trabajo, según me hace saber tu padre. Ahora es ella quien apoya la taza.
No es por el dinero, mamá, aunque en el fondo sí; necesito ganar mi propio
dinero para no sentirme una inútil. Pues yo nunca he trabajado, pero lejos
estoy de sentirme una inútil afirma su madre con voz áspera. Esa voz que
ella tanto conoce y que no augura acuerdos. Sin embargo, esta vez no cederá. No
estoy hablando de vos, mamá, sino de mí; siempre diste por descontado que lo
bueno para vos, por carácter transitivo, era bueno para mí; pero en realidad,
lo que querías era que lo que yo hiciera te fuera funcional a vos. No trates de
enredarme con palabras, Paz, solo intento averiguar a qué se debe esta súbita
necesidad de ganar dinero. Ella cierra los ojos. De acuerdo dice, los abre y eleva el mentón ¿podés cederme a Teresa otro día?; de todos modos,
aún no lo hablé con ella, no sé si aceptará; pero no quise pasar por encima tuyo, por eso esta charla; no te estoy pidiendo autorización, mamá, ya estoy grande,
solo estoy pidiendo tu apoyo; si no, lo solucionaré de otra manera. Ella se
escucha y desconfía de que las palabras sean suyas. Me animé, evalúa. Su madre
la mira con dureza. Todavía no me contaste en qué vas a trabajar dice al cabo de un buen rato. Ella repite la información. Graciana tenía
que ser masculla la madre. Ella prefiere simular que no la escuchó, no
quiere entrar en pelea. No le conviene, además, porque precisa a Teresa. ¿Qué
opina Pedro de todo esto? A ella le llama la atención que madre y marido no
se hayan comunicado ya. Pedro estuvo lento, piensa, pero solo dice no le
gusta, pero respeta mi deseo; él es el principal interesado en resolver el tema
con Teresa porque no quiere que tenga que trasladar a Ema. Su madre se saca
y se pone los anillos. Está nerviosa, piensa ella, su aliado le falló. Como su
mamá no responde ella agrega Graciana me ofreció que la lleve para que la
cuide Aurora, su empleada. Su madre tamborilea el índice derecho sobre su
frente. No sabe qué decirme, dictamina. No estoy de acuerdo reitera pero
sacar a la nena y exponerla al contagio con otros chicos sería una inconsciencia dice y luego calla. ¿Entonces? Comentale a Teresa a ver qué opina.
Gracias, mamá dice ella. Lo hago por Ema. Gracias en su nombre,
entonces. Su madre hace un gesto despectivo y luego pide ¿me servís otro
té?
Hola, mamá
dice ella te quería contar que ya hablé con Teresa; quedamos en que vendrá a
casa lunes, miércoles y viernes. Silencio. Ella juega con el cable del
teléfono. ¿Te parece bien? Se me complica, pero qué otro remedio. Yo la
preciso hasta las dos, a más tardar; a lo mejor puede ir esas tardes a tu casa.
Ya me voy a arreglar. Silencio. ¿Cuándo comenzás? La semana próxima, hoy
me saqué leche y se la ofrecí en mamadera por las dudas. Silencio.
¿Estás ahí? No, soy un fantasma replica su madre. Silencio.
¿Entonces todo en orden? Así parece. Silencio. Ella está por saludar
cuando la madre agrega estuve pensando que los primeros días puedo ir para
darle una mano a Teresa. A ella los ojos se le llenan de lágrimas. Se
acuerda de Tincho, de Laura y de su madre. Carraspea. Muchas gracias, mamá,
me quedaré más tranquila; a la nena le gusta estar con vos; te conocé bien. El
que va a protestar es tu padre; está muy demandante últimamente, parece un
chico. Ambas ríen. Antes de colgar ella repite gracias, mamá. Hablamos
para combinar dice su madre. Mi mamá me cuida.
Ufff no podía salir completo! La mamá con la nena noooooo!
ResponderBorrarA la nena la trata bien. Confiemos...
Borrar"No estoy hablando de vos, sino de mí, mamá ". POR FIN!!!
ResponderBorrarIgualmente, no me cierra este repentino apoyo de la madre. Algo se trae entre manos.
ResponderBorrarYo creo que cuando alguien abandona su lugar, los otros no tienen más remedio que posicionarse
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